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9:25 am. Viernes 17 de Mayo de 2019
Opinión
9:25 am. Viernes 17 de Mayo de 2019

Debieron pasar más de diez fechas sin saborear el triunfo en Liga y una seguidilla de trece empates para volver a las mieles de la victoria. Junior lo hizo anoche, de visitante y frente a uno de los grandes rivales como lo es el Deportivo Cali.

Victoria que hace renacer la esperanza y la ilusión tras una clasificación casi agónica y un inicio de cuadrangulares con una camándula más en el rosario de empatitis y con un lánguido cero a cero frente al Atlético Nacional.

Fue otra cara, fue otro temperamento, fue otra muestra de querer y poder hacer las cosas como se debe y como lo exige la afición. Dos goles que aparecieron mágicamente tras un “largo verano” de anotaciones.  Primero con el temperamento de Luis Narváez en el cobro penalti. Y con la categoría y la decisión de un Teófilo Gutiérrez que pareció despertar del profundo letargo en que se envolvía hace rato.

Con un Sánchez retomando sus mejores momentos del año pasado, con Cantillo envolviendo a sus compañeros como guía en el manejo del balón, y con un Luis Díaz que por igual ha recuperado casi totalmente sus enormes virtudes de dribleador y punzante atacante. Sin duda que también habría que reconocer a la línea defensiva que salvo algunas pequeñas fallas de concentración, cumplió a cabalidad ante el complicado contendor caleño.

Frente al Cali, pudimos apreciar un manejo y dominio territorial, parecido al del final del año pasado, con solvencia en la entrega del balón, con desmarques y precisión. Y lo importante con profundidad en el ataque, aunque seguimos en deuda con la decisión de disparar más al arco rival.

Junior pareció, ahora sí, recobrar la memoria de su juego armónico y gustoso que deleita a sus seguidores. Pero lo mejor, jugando con respeto pero sin temor ante el rival. A los caleños los enfrentó con categoría, con seriedad y sin caer en provocaciones que otras veces le ha costado por expulsiones y tarjetas innecesarias.  

No sabemos cuál será el secreto si es que existe, en el manejo que Julio Comesaña le imprime a estos jugadores, los mismos que ante Luis Fernando Suárez se mostraban apáticos, sin propuestas y sin perfil de equipo ganador. La presencia del técnico uruguayo comienza a devolverle carácter y virtud al plantel.

“Jugamos a lo campeón, como lo que somos”, diría el técnico Comesaña en la rueda de prensa tras el triunfo en Palmaseca, primero que consigue el cuadro rojiblanco en el estadio de los caleños.

De verdad que fue así. Esta vez, Junior jugó mostrando su casta de campeón, con la categoría que debe hacerlo siempre y con la solvencia futbolística que lo llevó a ser considerado el mejor de Colombia. Confiamos, como lo confían sus seguidores que lo del jueves ante Cali sea el despegue, el reinicio de ese juego que lo catapultó como campeón el año pasado. Y que igual al comenzar esta temporada ilusionó a su hinchada con la gran posibilidad de repetir título.

Confiamos que sea así y que esta victoria no resulte apenas una mera ilusión; que sea en cambio,  el punto de partida para retomar el ánimo y optimismo. El domingo próximo ante el Deportes Tolima con el que comparte liderato con 4 puntos tendrá Junior su gran prueba de fuego. La invitación masiva al Estadio Roberto Meléndez ya está hecha a la afición que seguramente se volcará al escenario para respaldar a su equipo.

Y ojalá que con “Julio Noveno” podamos comenzar a ¡soñar con la novena..!

 

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