Universidad Metropolitana
9:19 am. Domingo 12 de Julio de 2020
Opinión
9:19 am. Domingo 12 de Julio de 2020

Pensábamos que atrás y para siempre habían quedado sepultados los actos salvajes de los bárbaros que le arrancaban la cabeza a sus víctimas para luego jugar fútbol con ellas.

Pero no es así.

Ahora el deporte nacional, si no pueden cortarte la cabeza cuando la asomas del rebaño, es jugar con tu dignidad.

Así como las redes sociales sirven, en época de la pandemia, para sentirnos más acompañados y tender puentes con seres queridos y amigos lejanos, algunos las convierten en cloacas, vertiendo en ellas sus peores e insanas pasiones y vomitando todo el odio que sienten por el prójimo.

En medio del estupor que causó la denuncia de Viviana Vargas Vives, de haber sido violada cuando tenía seis años, y luego la decisión de su hermano de dar el nombre del presunto violador, se activó una ‘bodeguita del odio’, de las muchas que existe en este país.

Escondidos en el anonimato, detrás de un falso perfil y suplantando marcas y supuestos noticieros, ciertos perversos personajes, en el ojo de la justicia colombiana, pusieron a circular la inverosímil noticia de una supuesta denuncia de dos damas que habrían sido violadas por dos personas intachables, cuyas conductas y actos hablan por si solas y salen en su defensa.

Para nadie es un secreto que la labor periodística de nuestro amigo, hermano y director Jorge Cura Amar, es incómoda para algunos personajes siniestros de esta ciudad y el país. Tampoco muchos soportan la carrera exitosa de constructor de Jorge Segebre, hoy presidente de Camacol.

La vida nos ha enseñado que cuando se tiene algo de éxito todos salen a dispararte. Como se dice coloquialmente, al árbol que da frutos le lanzan piedras. Esto parece estar dándose acá.

Pero no podemos dejar pasar por alto esta calumnia e infamia contra esas dos personas. Ni vamos a permitir que esto quede en la impunidad. A través de los tiempos hemos aprendido que ante noticias falsas, hay que salir siempre y en el acto, con la verdad. Y cuando se atenta contra la dignidad, se debe ir más allá y reclamar justicia en el terreno judicial.

Como todo fake news, la calumnia comienza a crecer y esparcirse por las redes. Algunas personas, sensatas y responsables, le cortan la dinámica. Otras, aprovechando el caos que esto genera, proceden a replicarlo y hasta a exigir explicaciones. Dando por cierto lo que allí se afirma, convirtiéndose en cómplices.

Quiero reiterarle a esas personas, también cargadas de morbo y algo de perversidad, que el Código Penal Colombiano contempla sanciones y penas para los que se dedican a propalar esas infamias.

En el caso de la calumnia contra Jorge Cura y Jorge Segebre hubo personas que le hicieron el juego a esa ‘bola de infamia’ y en sus redes procedieron a darle toda la veracidad del caso. Ellos también deben responder ante la justicia.

Hay algo que debe saber o recordar la opinión pública: Jorge Cura llegó de su Chile natal a estudiar periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe. En sus inicios, cuando supuestamente se dio la violación, andaba más preocupado en lograr su sustento, trabajando en diferentes oficios, en vez de estar relajado, jugando tenis en las canchas del Country Club. Todos sabemos que para acceder a ese nivel social se necesita reconocimiento y dinero y en esa época andaba jodiéndose, estudiando y trabajando.

Por su parte, Jorge Segebre, exitoso constructor barranquillero, nunca ha tenido una raqueta de tenis en sus manos, ni ha ejecutado esa actividad deportiva.

Segundo, Jorge Cura no es ni ha sido socio del Country Club.

Además, ninguno de los dos, Jorge Cura ni Jorge Segebre, han conocido ni tenido relación con las señoras Diana Monsalve de Aguedelo y Carolina Jassir.

Lo peor. Las primeras indagaciones realizadas por Zona Cero han logrado establecer que las dos presuntas víctimas de acceso carnal abusivo, Diana Monsalve de Aguedelo y Carolina Jassir, nunca han sido ni son socias del Country Club de Barranquilla. Tal vez ni existan.

Esperamos que las autoridades correspondientes, Fiscalía General de la Nación y la Dijin, hagan lo propio según sus competencias y logran desmantelar y judicializar esta ‘bodeguita del odio’ y darle un ‘tatequieto’ a los replicadores del veneno, con su respectiva sanción penal .

La dignidad, como la vida de una persona, es sagrada. La haremos respetar.

Jorge Cura y Jorge Segebre

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