7:26 pm. Jueves 11 de Abril de 2019
Opinión
7:26 pm. Jueves 11 de Abril de 2019

No era de este tema que quería escribir hoy, pero no podemos tampoco marginarnos de la actualidad referente a nuestro representativo del fútbol en el exterior. No tanto por haber perdido, que era de esperarse, sino por la manera tan desvergonzada en que cayó frente al Palmeiras en Brasil.

Junior nos desnudó una vez más como el principiante, el novato, el equipito colombiano cuando de defender el prestigio internacional se trata. ¿Pero cuál prestigio? dirían algunos. Pues, ese que aunque no nos haya entregado ningún título honroso, por lo menos se deja escuchar en el exterior como uno de los “grandes” en el concierto profesional de Colombia.

De hecho, quien esto escribe y atenido a los antecedentes creía que Junior no tenía, es decir no tiene la capacidad futbolística para optar a un título de Copa Libertadores; no en estos momentos como igual no lo tuvo hace un año cuando también se le pregonaba como favorito para la Copa Suramericana. En aquella ocasión sostuve que al equipo rojiblanco le hacía falta algo más: un defensor central de categoría, un volante diez-diez capaz de hilvanar juego desde el medio y un goleador de verdad. No de un 9 como llaman ahora, sino de un verdadero goleador, porque 9 los hay por doquier, pero que sea goleador de verdad estilo Germán Cano del Medellín o Fernando Aristeguieta en el América o un Valenciano de los años noventa no lo tiene Junior y eso es desde hace rato.

Nos endulzaron la mente con la presencia de un Teo Gutiérrez y ahora de un Michael Rangel y de Freddy Hinestroza. Pero ellos no son goleadores; aun así, lo más triste y vergonzoso no es solo la derrota ante Palmeiras aquí y allá o ante Melgar o San Lorenzo. Lo realmente humillante está en el juego que luce el equipo, el juego que mostró a lo largo de la Copa. A Junior se le olvidó ese fútbol de fin de año que le llevó al título y que le mereció elogiosos comentarios nacional e internacionalmente.

De ese gracia y armonía que nos dejó entusiasmado a fin la temporada anterior y el comienzo del 2019 a lo que va corrido del semestre, hay un cambio abismal. Como si el chip se hubiera cambiado radicalmente. Todo ello por la carencia mental de los integrantes, quizás por disposición del técnico Luis Fernando Suárez; tal vez por  la falta de disposición en la cancha. O tal vez por ambas cosas. Lo cierto es que el Junior de hoy no es el mismo que invitaba y enamoró a la afición. Se perdió la armonía y regresamos al fútbol de tiempos pasados, con el toque toque insulso, lateralizando o centrando, pero sin profundizar; con la idea de que teniendo el manejo del balón dominamos el campo, olvidando que los triunfos se enmarcan en goles y más goles.

Algunos críticos señalan que el fútbol del Junior es el mismo que Suárez aplicaba en la Equidad y no el que nos identificaba. El entrenador ha pretendido imponer su propio estilo y por eso se niega la posibilidad de anotar, prefiriendo regresar el balón hasta la misma portería de Viera. Tan severas son las  críticas que hay quienes renegaban por la presencia de Julio Comesaña a su llegada la última vez claman ahora por el regreso del colombo-uruguayo. A tal grado de desconfianza se le tiene al antioqueño Suárez que en altavoces piden ahora a los directivos del club prevenir y animan a Julio a “calentar”.

La última actuación en la Libertadores frente al Palmeiras nos mostró como un equipo medroso,  sin ambición y demasiado conformista. Sus jugadores parecían deseosos de que acabara rápido el suplicio. Y los referentes como Teófilo, Cantillo y Díaz lucieron perdidos, como pájaros enjaulados y sin ganas de escapar. Narváez, Germán Gutiérrez, Gómez y Piedrahita sin ímpetus. Tal vez Hernández y Sambueza pudieran rescatarse un poco de esa pésima actuación colectiva.

“Junior no está preparado para jugar Copa Libertadores” le escuché decir a Víctor Hugo Aristizábal quien oficia de comentarista en un canal de televisión. Coincidentes, otros tantos comentaristas de radio y televisión. Y, coincidente también me sumo a tales comentarios. Seguimos pensando en grande sin tener las herramientas para hacerlo. Tal vez hemos sido demasiado ilusos; desde los directivos del club que creen que sin grandes inversiones se puede armar un equipo capaz de pelear  a nivel internacional.

La realidad es totalmente distinta y en ello debemos fundamentarnos. Mientras Palmeiras anuncia inversiones por 130 millones de dólares, San Lorenzo poco más de sesenta millones de dólares y Melgar cerca de 40 millones de dólares, Junior alcanza invertir no más de 25 millones de dólares. He ahí la diferencia en contrataciones de jugadores que, desde luego,  marcan las distancias en el campo de juego.

No lograr un solo punto en cuatro partidos y no marcar ni un solo gol es la muestra fehaciente de que no tenemos nada y necesitamos todo. Entendiendo por ello, el cambio de mentalidad de los directivos, entiéndanse dueños del club, para armar un verdadero equipo que pueda lucir jerarquía, que sea reconocido internacionalmente y que nos convierta en realidad los sueños de triunfos importantes.

¿Será demasiado pedir que se traiga un goleador de talla internacional estilo Lisandro López o Luis Rodríguez de Argentina o un Pablo, del Paranaense, Diego Souza del Sao Paulo o un Paolo Guerrero?

Dejar atrás todo lo acontecido y emprender una decidida nueva vida futbolística que honre el nombre de nuestro país y desde luego el nombre de nuestra Barranquilla. Esa debe ser desde ya la verdadera meta a conseguir. Para no seguir siendo “La cenicienta del fútbol colombiano” y para darle a la enorme hinchada caribeña la satisfacción largamente esperada. Nada nos honraría más que sea bajo el nombre de nuestro equipo Junior.

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