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Opinión
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«Facebook nació para dar a la gente el poder de compartir y hacer del mundo un lugar más abierto y conectado». - Mark Zuckerberg, CEO de Facebook.

Si bien las redes sociales tienen como objetivo crear una comunidad de usuarios en línea con intereses comunes, no es menos cierto que también abrieron la puerta a una serie de peligros que, hasta hace unas décadas nadie sospechaba que traería consigo la comunicación en línea. Las redes sociales son realmente los medios de comunicación más fáciles y rápidos que le dan a cualquiera la posibilidad de hablar cambiando radicalmente todo el sistema de información. Sin embargo, intrínsicamente, proporcionan una falsa sensación de participación en la vida de los demás, crean vínculos superficiales, como también, el distanciamiento de las personas del mundo real. En referencia a su exponencial masificación, el escritor, filósofo y crítico, Umberto Eco, sentenció la famosa frase: «Hay quien llega a sostener que Auschwitz no hubiera sido posible sin internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero, por otra parte, da derecho de palabras a legiones de idiotas».

Hoy, más del 90% de los jóvenes entre 14 y 24 años tienen una cuenta en al menos una de las siguientes redes sociales: Facebook, Instagram, WhatsApp, Twitter, Snapchat o YouTube. Sin embargo, así como aumenta el número de cuentas, también lo hacen directamente proporcional los trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad, entidades que, según estudios, se han incrementado aproximadamente en un 70% en los últimos 25 años. En virtud de lo anterior, lejos de sus reconocidos beneficios, las redes sociales poseen también un efecto dañino sobre la salud mental de las modernas e hiperconectadas generaciones. Pero ¿por qué el uso de las redes sociales puede tener efectos negativos en quienes las utilizan? A continuación, les describo lo que la ciencia dice acerca del tema:

Los efectos adversos de las redes sociales son reconocidos hasta por quienes las crearon y mantienen en funcionamiento. Samidh Chakrabarti, un gigante de la tecnología y líder del equipo responsable de analizar y gestionar el impacto social en una de las plataformas de comunicación virtual más grandes de la actualidad como Facebook, dijo en una oportunidad: «A pesar de ser optimista, no ignoro los peligros que Internet puede representar, incluso dentro de una democracia que funcione bien».

Una encuesta realizada por la CNET reveló que, el 60 % de los jóvenes entre 18 a 34 años admitieron que se conectaban la mayor parte del tiempo a sus dispositivos.  Aunque el 63 % de ellos dijeron que tratarían de limitar su uso, solo la mitad lo lograron.

En la actualidad el acceso a internet es más fácil, lo que hace posible estar conectados las 24 horas del día a un costo relativamente bajo. Lo anterior, es un caldo de cultivo de adicción si tenemos en cuenta que, recientes investigaciones han evidenciado trastornos psicológicos y físicos los cuales están asociados con el uso no regulado y excesivo de las redes sociales, entre los que se cuentan: déficit de atención, alteraciones de la visión, de columna vertebral y trastornos del sueño; amén de las alteraciones de las funciones cognitivas como la memoria y la atención, especialmente en los niños y jóvenes en donde se ha hecho más notorio el impacto de las redes, toda vez que, los ha desplazado sistemáticamente de sus actividades lúdicas, deportivas, diversión, aprendizaje y relaciones familiares.

Los estudios han demostrado también que, las redes sociales crean ansiedad y baja autoestima. Tales problemas emocionales son más notorios en los niños, aunque los adultos tampoco escapan. La ansiedad se ve reflejada en la búsqueda constante de aprobación para obtener más «me gusta o like», «amigos», «corazones» y «seguidores» mientras que, la baja autoestima, se debe a la comparación constante entre la vida real de cada usuario y las vidas virtuales con las que interactuamos en línea.

En tal sentido, las revelaciones hechas por el expresidente de Facebook, Sean Parker, causaron sensación en su momento cuando expresó: «La red social fue diseñada para explotar la vulnerabilidad de la psicología humana». La opción "Me gusta", por ejemplo, se ha creado para dotar a los usuarios de una pequeña dosis de dopamina con la finalidad que permanezcan el mayor tiempo posible en Facebook. Los expertos en adicciones coinciden en que, cuando alguien aprecia o pondera lo que publicamos en una red social, nuestro sistema de recompensa se estimula secretando dopamina, un neurotransmisor cuya principal función, entre otras, es generar placer (en especial si este es anticipatorio) como también, motivación (el «querer hacer). A la dopamina se le conoce popularmente como «la hormona de la felicidad» o del placer, pero también, como la responsable de las adicciones.

Una de las razones que explota la vulnerabilidad psicológica de los internautas es la imprevisibilidad, que no es otra cosa que la necesidad de estar siempre conectados a las redes sociales. No podemos predecir o garantizar que foto, meme o comentario obtendrá eventualmente muchos «me gusta o like» al publicarlos en nuestro muro. Esta imprevisibilidad crea expectativas que, al igual que los juegos de azar, favorecen un circuito de recompensa o aprobación social lo cual obliga a la constante y compulsiva revisión de los «me gusta» en Facebook o de los «corazones» en Instagram, con el deseo implícito de encontrar siempre una sorpresa. Razón tiene la CNET cuando dice que las personas revisan su celular en promedio 52 veces al día. En este sentido, es alentador saber que algunas plataformas han comenzado a tomar iniciativas para eliminar sus sistemas de aprobación. Por ejemplo, Instagram, que se identificó en el estudio RSPH (Royal Society for Public Health) del Reino Unido como la red social con los efectos más negativos sobre la salud mental, ha eliminado en Canadá, desde junio pasado, la visibilidad pública de la cantidad de menciones («me gusta»). Esta prueba funcionó tan bien en ese país que la plataforma ahora tiene la intención de hacer lo mismo en todos los países en donde es utilizada. Facebook, la red social con mas de dos mil millones de cuentas en el mundo, también se unirá prontamente a ese plan piloto.

De otra parte, el acoso cibernético y los ataques en contra de la autoestima de aquellos jóvenes menos «populares o no estándar», es decir, aquellos que reciben menos aprobación social traducida en menos «me gusta» o «corazoncitos», es un problema persistente en las cinco redes sociales estudiadas por el RSPH, especialmente en Facebook e Instagram. Esta es una de las razones por las que, dicha entidad, quiere que los gobiernos aprueben medidas tendientes a que las redes sociales incluyan ventanas emergentes en sus plataformas que notifiquen a sus usuarios sobre el tiempo de consumo en la red social, como también, para identificar a las personas con depresión u otros problemas de salud mental, relacionados con el acoso cibernético y, en general, sobre el uso redes sociales poco saludables.

Otro efecto nocivo de las redes sociales sobre la salud, son las horas de sueño que perdemos. El año pasado, el psicólogo investigador Jean Twenge, de la Universidad de San Diego, analizó los resultados de una encuesta realizada a 360,000 adolescentes estadounidenses, y descubrió que la proporción de ellos que duerme menos de 8 horas por noche aumentó en un 20% entre 2010 y 2018. El investigador señala que, este aumento correspondió a la masificación de dispositivos portátiles, como teléfonos inteligentes en la vida de los adolescentes. En contraposición, las otras actividades principales que influyen en la duración del sueño adolescente, como el estudio, trabajo y televisión, no mostraron una tendencia al alza durante este período. Así las cosas, se puede concluir que existe una relación de causa y efecto entre el uso de dispositivos electrónicos y noches más cortas. En ese sentido, dos factores parecen estar en juego: el primero, es el deseo de no perderse nada de lo que sucede en línea. El otro, es la luz azul emitida por las pantallas que suprime la secreción de melatonina, también llamada «hormona del sueño», la cual regula nuestro reloj biológico.

A pesar de que el uso de las redes sociales provoca problemas en la salud física y mental de algunas personas, vale la pena resaltar que también son una verdadera fortaleza utilizada por millones de personas en todo el mundo, lo que permite compartir experiencias, información y también conocimiento. En pocos años, las redes sociales han alcanzado una rápida difusión, llegando a ser una influyente herramienta de comunicación, utilizada por importantes comunidades empresariales y sociales, las cuales nos mantienen informados acerca de estilos de vida y tendencias, como también, de problemas sociales y humanitarios. En síntesis, depende de cada uno de nosotros, conocer los peligros potenciales ocultos en ese mundo virtual que nos permita minimizar y evitar los daños que eventualmente puedan ocasionar en nuestra salud, el uso y abuso de ese fascinante, pero a la vez peligroso universo digital llamado: «redes sociales».

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