Universidad Metropolitana
3:31 pm. Martes 23 de Junio de 2020
Opinión
3:31 pm. Martes 23 de Junio de 2020

Leyendo una entrevista realizada al destacado filósofo español Daniel Innerarity, en la que en términos generales deja entrever el fin de una época que habíamos asumido a través de una aceptación bastante generalizada, la de la “Sociedad del Conocimiento”. En contraposición, el intelectual español nos plantea que estamos en los albores de la “Sociedad del Desconocimiento”.

El desarrollo, para muchos desde la década de 1950, de las tecnologías de información y la conocimiento, representada de manera abrumadora por la súper carretera de la información (Internet) nos llevaba a vivir en un mundo donde la abundancia de información y conocimiento sería aquello que marcaría la brecha entre los ciudadanos y los países del mundo. Se impuso un nuevo paradigma, el llamado “Tecno Económico”, que muy asociado a la lógica liberal, asumía que aquellos que organizaran de manera más eficiente (en menor tiempo y a bajo costo) los enormes volúmenes de información (de acuerdo a la nueva realidad, ésta se duplicaría cada 20 años), serían las sociedades más exitosas. Esto explicaría la relevancia del Univac 1 (1951), en Estados Unidos, para muchos el primer prototipo de computadora para el manejo de información, con una tecnología a base de tubos al vacío (5000 tubos), de un tamaño descomunal (se requería de un gimnasio para su instalación y su peso aproximado era de 7.500 kilos), de un enorme consumo energético, por lo que no podía estar conectado más que unas cuantas horas al día y que desarrollaba no más de 300 operaciones matemáticas (mucho menos que una simple calculadora científica actual de bolsillo), pero que permitió al gigante capitalista del Norte bajar de tres años a seis meses el tiempo de organización del censo de información de su país. Es decir, el mercado demostraba que existía algo muy abundante (información) y por ende, debía generar diferencias a favor de aquellos que realizaran un manejo más eficiente de ella. El proceso lógico fue el desarrollo de computadores desde los a base de tubos al vacío hasta los actuales asociados al nano chips (pasando por el transistor, el chips y el microchips). Con ello surgió la microelectrónica y su aplicación en las más variadas y cotidianas expresiones de nuestras vidas, tanto en el mundo laboral como en el desarrollo del espacio doméstico.

En palabras de Innerarity, esa concepción del mundo estaría llegando a su fin. Si lo asociamos a las palabras de Gramscy, sería la etapa intermedia entre una revolución y otra, es decir aquella en la que el viejo orden no ha desaparecido completamente y el nuevo aún no se ha impuesto en definitiva. Es la etapa del poder dual, y por ende una etapa de crisis en que, siguiendo los postulados de Hegel, tesis (Sociedad del Conocimiento) y Antítesis (Sociedad del Desconocimiento) entrarán el conflicto, y sin posibilidades de saber ¿Cuál será la síntesis?

Innerarity nos plantea que estamos viviendo en una sociedad del desconocimiento, en que, a pesar de la paradójica abundancia de información, estamos más conscientes de lo que no sabemos (el no-saber), que de lo que sabemos. Esto nos impone una nueva idea del progreso, ya que no avanzaremos  por el aumento del conocimiento, sino porque debemos aprender a gestionar el desconocimiento en sus más variadas manifestaciones. Esto tiene muchas relación con el futuro incierto y distópico que nos amenaza. Los riesgos y sus consecuencias nos superan y abruman: ¿Cómo enfrentar los problemas ambientales? ¿Cuáles son las reales consecuencias de la sobrepoblación? ¿Cómo se comportarán los mercados financieros? ¿Cómo resolveremos el tema energético? ¿Cuál será el impacto de las migraciones internacionales? ¿Cómo resolvemos la disyuntiva entre la identidad local o nacional en un mundo que nos lleva hacia la globalidad? Ahora, la situación compleja de la pandemia del coronavirus nos hace más patente esta situación, parece que, siguiendo los planteamientos de Innerarity,  nuestro modo de pensar no está a la altura de la complejidad del mundo en el que vivimos, todos los gobiernos han tratado de administrar el no-saber en función de este grave problema, al igual que las reacciones que expresamos como  ciudadanos  en el espacio público y privado. Innerarity llega a la conclusión de que nuestros sistemas políticos, nuestra manera de pensar e incluso nuestro lenguaje, no  están preparados para identificar y atender las crisis del mundo actual, en donde la globalidad de los problemas no se condice con la lógica local que inspira a los  instrumentos establecidos para gestionarlos.

Esta globalidad del mundo actual se expresa también, muy metafóricamente hablando por parte del filósofo español, en la existencia de un sistema altamente contagioso. El concepto nos resulta muy clarificador en términos de la pandemia, pero también lo podemos relacionar con los aspectos relativos al impacto global de algunos fenómenos: las manifestaciones ambientalistas, por la paz, en contra de las prácticas racistas, impacto global de decisiones económicas, consecuencias de conflictos internacionales de carácter bélico y comercial, en fin. Esto nuevamente provoca un desajuste  en que el modo de pensar sistémico (como un conjunto de elementos que se relacionan) no avanza hacia el entendimiento de un modelo global. Por lo mismo no tenemos un paradigma que nos permita entender la complejidad de nuestro mundo actual e incluso no hemos generado un lenguaje que dé referencia y sentido de muchas de las novedades, de las incertezas y  peligros de nuestra realidad.

Ya hemos planteado, en columnas anteriores,  que la discusión entre globalistas y escépticos resulta también ser una cuestión incierta, sin duda que Innerarity se identifica con los primeros y propone la búsqueda de un modelo que permita entender esa globalidad, no desde la perspectiva de las interacciones, sino como un modelo más complejo en donde las mismas interacciones han adquirido vida propia (en esto descansa la idea de la globalización como un fenómeno irreversible, desde la lógica que parece que es ella quien nos lleva a nosotros y no al revés). Es por ello, ahonda el español, debemos avanzaren en la búsqueda de explicaciones y estrategias que apunten hacia la comprensión de la compleja realidad y aporten en la búsqueda de soluciones.

El razonamiento anterior cala profundamente en aquellos que, a la luz de un diagnóstico, estamos preocupados por entender lo que nos está pasando y que no nos puede dejar indiferentes en función de las insospechadas consecuencias que  se pueden derivar. Me interpela como ciudadano común y corriente, pero más como docente y formador de las generaciones futuras que se verán enfrentados a este panorama no muy halagüeño. Si considero que la educación es el aspecto fundamental que nos asegura como especie la posibilidad de seguir evolucionando y que, en su sentido más sublime, busca favorecer el desarrollo de una buena vida,  no puede quedar fuera de este debate la pregunta, ¿Qué debemos enseñarles a nuestros alumnos y alumnas? Tomando como diagnóstico los planteamientos de Innerarity, las preguntas surgen con meridiana claridad: ¿Qué elementos deberían estar en el diseño del currículo escolar? ¿Qué es lo que merece la pena incluir en la enseñanza de los estudiantes? Amén de las ideas precedentes,  la respuesta no resulta nada sencilla, no conocemos bien los problemas actuales y sabemos muy poco o nada de los posibles problemas futuros.

Al tratar de encontrar algunas respuestas a las interrogantes planteadas, me hicieron sentido los argumentos de Robert Perkins en su obra “Educar para un mundo cambiante”. Ya el título del texto se hace cargo de la complejidad, de las incertidumbres y de la necesidad de gestionar el no- saber.  Perkins reflexiona sobre la base de dos ideas orientadoras: en primer término el desarrollo de las grandes destrezas que están asociadas con el educar para pensar y, en segundo lugar, estructurar un contenido curricular que merezca la pena debatirse. El planteamiento entraña una condición que provoca un cambio relevante en el modo de estructurar el currículo, que debe intencionar las más variadas habilidades del pensamiento y donde el contenido resulte ser una herramienta para el desarrollo de las grandes destrezas.

Siguiendo la lógica de Innerarity,  la complejidad de nuestra actual realidad ha dejado obsoleta nuestra forma de pensar y ha reducido el valor de nuestro lenguaje en términos explicativos, lo que demuestra que el universo de lo que debemos considerar necesario aprender debe plantearse desde una lógica expansionista, es decir, debemos superar los límites de lo que normalmente se enseña. Responder a esta crisis no es tarea fácil, pero lo relevante es que debe buscar una postura integracionista que dé cuenta de esta realidad. Perkins nos plantea 6 corrientes que deben entenderse de manera complementaria.

En primer lugar ir más allá de las habilidades básicas y plantearnos en términos de habilidades para el siglo XXI, desarrollando la creatividad, la innovación, el pensamiento crítico y lógico, la solución de problemas, la comunicación y el razonamiento cualitativo y cuantitativo; También es muy relevante ir más allá de las asignaturas tradicionales y acercar a nuestros alumnos y alumnas a otras áreas del saber, favorecer la tendencia a la renovación de las disciplinas tradicionales y promover el desarrollo de asignaturas híbridas. Ir más allá de las disciplinas individuales, ya que la excesiva especialización resulta anacrónica en un mundo en donde la interdependencia ha adquirido vida propia. Ir más allá de los estudios locales, ampliar el universo desde las perspectivas regionales hacia planteamientos y estudios globales (historia global, Sistema económico global; ciudadanía global, en fin). Ir más allá del dominio del contenido, sino que buscar aprender a pensar el contenido, adaptándolo al mundo real (el contenido como herramienta). Y por último, ir más allá del contenido prescrito buscando mayor variedad de contenido más amplia. En definitiva, se hace imprescindible re imaginar la educación si queremos formar alumnos que sean capaces de encarar la vida en una sociedad compleja y cambiante. Esto apunta, siguiendo la lógica de Innerarity, a generar una manera institucionalizada de pensar los márgenes del conocimiento humano (ir más allá), a ser capaces de gestionar las incertidumbres que difícilmente pueden ser eliminadas y transformarlas en riegos calculados y en posibilidades de aprendizaje.

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