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Opinión
12:07 pm. Domingo 01 de Septiembre de 2019

La noticia del surgimiento disidente de la llamada “nueva guerrilla” nos dejó atónitos. En cuestión de segundos la mente nos regresó al horror de lo vivido en los años 90. Luego, con el transcurso de las horas, comprendimos que esta sacudida era necesaria para que quienes siguen explotando a su favor la estrategia de polarizar el país hagan un alto, porque  el macabro plan está a punto de explotarnos en los pies a todos los colombianos.

En el 2017 Álvaro Villarraga Sarmiento, ex directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica, ya había explicado en detalle los capítulos poco conocidos de las disidencias en los diferentes procesos de paz que históricamente se habían adelantado en el país, y lanzaba una alerta sobre la necesidad de evitar repetir la historia, pero pocos escuchamos el llamado, y por ello, poco hemos avanzado en la construcción de acciones contundentes, que impidan la repetición de historias… que aún nos duelen. 

Una de esas historias que aún nos duelen es el exterminio de la Unión Patriótica, por el cual el Centro Nacional de Memoria Histórica decidió conservar la caracterización de genocidio en el informe 'Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002', y que según la investigación, entre 1984 y 2002, dejó por lo menos 4.153 víctimas. 

En la actualidad, según informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz Indepaz desde el 24 de noviembre de 2016, cuando se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC, hasta el 20 de julio de 2019, han sido asesinadas 765 personas reconocidas como dirigentes en sus comunidades y ex combatientes que se acogieron  al proceso firmado en La Habana, y puntualmente, han sido asesinados 138 ex guerrilleros de las FARC en proceso de reincorporación. Lo aterrador de las cifras no ha sido suficiente para que  el Estado haya sido capaz de tomar acciones eficaces en contra de quienes con sus actuar están dejando en jaque el acuerdo paz. 

En este momento histórico, el punto de inflexión sin duda debe girar a favor de la paz. Que lo acontecido les sirva a nuestros líderes para continuar avanzando, sin tantos titubeos, en la consolidación de la implementación del Acuerdo de Paz.  Que no se nos olvide el dolor de los 90’s: grandes territorios sin presencia del Estado quedaron a merced de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes. Que no se nos olviden las pescas milagrosas, las masacres, la mutilación de nuestros militares en campos minados, la violación y el aborto forzado de nuestras niñas, el temor por viajar en carretera, de salir a un centro comercial por amenaza de bomba, el desgarrador llanto de las madres de la patria que perdieron sus hijos en atentados terroristas,  y que no se nos olvide el poder corruptor de los dineros del narcotráfico para permear las conciencias de quienes representan las instituciones del Estado, porque este último, es el verdadero negocio de esa disidencia que hoy le da la espalda al pueblo que generosamente le dio la oportunidad de reconciliarse con él. 

Este recorderis no es para actuar desde el miedo, sino para sellar desde el corazón la convicción de seguir construyendo la paz, pero ante la falta de la cátedra de historia actualmente en los planes de estudios de los colegios, nos queda a los padres de familia la responsabilidad de contarla a las nuevas generaciones, para que aprendan a defender el legado de la paz que hoy se les deja. 

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