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Opinión
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La resiliencia es definida como la capacidad que tiene una persona de sobreponerse a las condiciones adversas, a los problemas graves o a las caídas catastróficas. Esta condición se asocia con la entereza, es decir, con la cualidad que poseen algunos para enfrentar las dificultades con serenidad, fortaleza y decisión.

Eso es, precisamente, lo que ha demostrado el entrenador del Junior, sobre todo en las últimas tres temporadas: resiliencia. Fue una persona que se sobrepuso a la adversidad y aprendió de esta, con temperamento y amor propio, y salió adelante como pocos han podido hacerlo.

Recuérdese que en el torneo que aún no termina, Junior arrancó perdiendo de local 3-1 con el Tolima. Muy pocos daban un peso por la recuperación del onceno, más que nada por la forma tan descompuesta como cayó en Barranquilla. Pero esa micro-catástrofe no hizo sucumbir al equipo, sino que fue el comienzo de una tremenda recuperación.

El caer en el hueco, pero salir de él (superando rivales de forma casi increíble) es un acto de resiliencia, de capacidad para enfrentar la adversidad y para sobreponerse a ella, dejándola atrás a punta de entereza, temperamento y testosterona.

Pero lo más meritorio no es que el técnico, solo, sea quien contenga esa capacidad resiliente, sino que ha sabido comunicarla a sus dirigidos. La prueba de que levantó al equipo (convirtiéndolo en resiliente), se concreta en el hecho de que Junior peleará su tercera final en línea con el aguerrido América.

Es decir, no solo Julio posee entereza para enfrentar los problemas, sino que sus jugadores han asimilado la templanza del líder, transformándose ellos también en atletas que saben seguir luchando después de una caída grave. Aquí no se trata únicamente de las cualidades técnicas del futbolista, sino de aquello invisible que transforma a un simple virtuoso en un tenaz combatiente, a quien hay que matar para vencerlo.

Comesaña es, según las estadísticas, el mejor técnico que ha pasado por Junior. Ese dato poco tiene que ver con sus fracasos en otros lares o aquí mismo. Y no es soslayado por la circunstancia de que el estratega cometa errores, o porque una parte de la afición no le reconozca sus méritos.

Hay gente que no le reconoce los méritos a Julio porque no le gusta su modo de ser o su cabello, porque es el Ferguson de los Char o no es monedita de oro, entre otros motivos. Pero más allá de esa inquina (explicable en una sociedad tan llena de odio como esta), nadie puede presentar argumentos sólidos para desconocer las capacidades de Comesaña al frente de los tiburones.

Los datos estadísticos son sordos, ciegos y mudos ante la presión derivada de la inquina y del rencor, que nada más generan gritos y maledicencia, sin fundamentos sólidos. Comesaña lleva tres finales en línea en el torneo local, y dos títulos que están bien instalados en la memoria histórica del club y de la gente.

Ahora inicia una nueva etapa en busca de otro campeonato, de la cual sus muchachos podrían obtener el tercer título en año y medio…de ser así, este Junior y su entrenador pondrían la vara muy alta para el futuro, tras obtener tres premios gordos seguidos, en igual número de torneos continuos.

Si ocurre este importante acontecimiento futbolístico (con otro campeonato más), ningún entrenador de la historia juniorista se pone a nivel con lo que ha logrado Julio Comesaña, y ningún otro grupo de jugadores consiguió tanto como el de Teo y Viera, aun si no son campeones frente a los rojos.

Y todo, para más señas, a punta de sabiduría en el manejo grupal (y de buenos conocimientos técnicos), en cuanto se relaciona con el estratega, y de mucha templanza, por parte de su onceno.

El valor agregado de ambos, que los encumbró de nuevo a la final y a un posible tricampeonato, tiene un solo nombre: se llama resiliencia.

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