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8:42 am. Viernes 29 de Noviembre de 2019
Opinión
8:42 am. Viernes 29 de Noviembre de 2019

Debo confesar que  la intención inicial en el texto de mi semanal columna en zonacero.com, estaba dirigida al paro nacional que nos enmarca hace ocho días y más directamente concentrada en la muerte del joven estudiante Dilan Cruz. Incluso redactados estaban varios párrafos del tema  bajo el título ¿Quién responde por la muerte de Dilan Cruz?.

Pero no puedo ni debo sustraerme al significado de lo que ha sido la clasificación de nuestro equipo Junior a la gran final por el título colombiano de fútbol. Derecho obtenido tras esa dramática y enjundiosa actuación del miércoles en Ibagué frente al Deportes Tolima.

Varias razones me motivaron entonces a cambiar la idea inicial sobre el desarrollo y consecuencia de un Paro Nacional que ha dejado sacrificado a un estudiantes cuyos sueños se vieron truncados por el artefacto asesino disparado por el Esmad, que ha dejado en estado crítico a un policía impactado por una papa bomba, que ha dejado a una joven señora con pérdida de un ojo y otros tantos y tantos afectados del pueblo por la prepotencia de un Presidente y Gobierno que sigue mostrándose como soberano emperador desatendiendo los clamores de la gente. 

Quienes me conocen en mi carrera periodística saben de mi pasión por el equipo de mi tierra; conocen del entusiasmo con que he desarrollado libros y escritos. Hay quienes dicen que soy el biógrafo del Junior, otros me llaman historiador. Tampoco puedo asegurar que sea el que mejor o más letras ha escrito sobre el club barranquillero de sus 95 años de parido por la matrona Micaela Lavalle de Mejía. No me atrevería a asegurar nada de eso. Pero son esas razones o motivos que me animaron a escribir estas líneas tras el gran final de la noche reciente en la que Junior se mostró como verdadero gladiador de enormes batallas.

Fue una batalla contra todos: contra el rival tolimense que haciendo honor a su calificativo indígena demostró en esa como en toda la competencia a lo largo del torneo que era un digno representante del balompié en Colombia. Sin figuras descollantes y con un técnico digno de admirar como los es Alberto Gamero, Deportes Tolima se ha convertido en los últimos tiempos en uno de los grandes animadores del campeonato. Su lucha total defendiendo cada espacio y cada balón le otorga al plantel y su técnico un capítulo aparte para resaltar.

Fue también contra la actuación de un árbitro Andrés Rojas predispuesto para afectar a los “Tiburones”. No conforme con un castigo penalti que si bien era falta fue antes de la línea penal, metió mano para dejar al Junior con uno menos expulsando a Fuentes cuando el contrario fue el que inició la falta; ensañado entonces no disimuló y comenzó el tarjeteo por reclamos dejando condicionado al equipo de Comesaña. Junior luchó también frente a gran parte de los comentaristas cachacos que a lo largo del torneo y particularmente en el cuadrangular semifinal ladeaban sus comentarios hacia los rivales y disimulaban las bondades rojiblancas.

Recordaba entonces al filo de mi escrito, frases como “No está muerto quien pelea”, la del mismo Sebastián Viera tras aquella derrota inicial precisamente ante el Tolima en Barranquilla: “No nos den por muerto”, o aquellas otras de Teófilo Gutiérrez “tendrán que matarnos para eliminarnos”, etc., etc… 

Yo mismo me atreví a decir que Junior no tendría posibilidades de título tras la derrota en la fecha inicial y jugando de local. En fútbol ha hecho carrera la creencia de que perder puntos jugando de local es perder gran parte de las opciones. Sin embargo el recorrido siguiente del equipo superando al Nacional en Medellín con el empate  que fue como una victoria y el triunfo frente al mismo en el Roberto Meléndez, vencer al Cúcuta en su patio y en casa nuestra, y sacando mística ovalada para no perder ante Tolima en su último juego, me hicieron recordar aquellas otras tardes épicas en los que hemos logrado títulos de campeón. Comenzando por aquel grupo de Obreros de José Varacka y “La bruja” Verón en 1977; de aquel año 80 cuando en Cali empatamos con los “Azucareros…Y acuden a la mente nombres del arquerazo Delménico, de defensas como Dulio, Berdugo, Bolaño, 

Toto Rubio, Ringo Amaya, Araujo, Rafael Reyes, de una zona temible medular con Comesaña, Solari, Vidal, Galván, Tutino Cervantes, Grau y los ases Verón y Arango y Lorea, Aguilar, Valenciano, Bonifacio y Fiorillo. Ellos escribieron historias de campeones  con fútbol de calidad, pero sobre todo con enjundia y “hambre de ganar”. Por eso aquella victoria de visitante ante Santa Fe en una noche fría capitalina y la de Cali ante los “Azucareros” después de una desventaja de 2 goles anotados por el as caleño Willington Ortiz y convertido en el empate para el segundo título.

Recuerdos igualmente de aquel 93 quizás con el mejor equipo juniorista de mucho tiempo que  lideraba el Pibe Valderrama y en el que se sumaban ases como Pacheco y Mackenzie, los goleadores Valenciano y Niche. Y la categoría defensiva con Alexis y Cassiani, Méndez etc. El mismo temple para defender la causa en el 95 con otro arquerazo como José María Pazo, y jugadores como Ronald, Galeano, Stefanell, Chaparro, Marcio Cruz entre otros integrantes casi los mismos del 93. 

Y recordamos aquel 2004 cuando en Medellín dañamos la fiesta del Nacional a pesar de la goleada 5-2 que obligó a los penaltis y Junior con un equipo joven entre quienes figuraban Macnelly, Palacios, Peñaloza, Alvear y Arzuaga conquistaba una nueva estrella. Recordamos aquel Junior 2010 y el del 2011 tras la famosa idea del “Si se puede”. Todas esas conquistas como también las del 2018 y el primer semestre del 2019 han estado revestidas de calidad y verraquera. Pero sin duda, con la muestra fehaciente de querer vencer.

Por eso esta final de este 2019, tercera seguida, tras superar un revés inicial ante los tolimenses hizo más dramática la clasificación por la obligación de sacar por fuera aquellos puntos perdidos en casa. Las muestras frente al Nacional, ante el Cúcuta de local y visitante y el cierre en Ibagué en ese dramático juego nos retrotraen a esas otras conquistas en las que sin duda además del potencial técnico o futbolístico, ha estado enmarcado en el pundonor y mística ovalada que han puesto los jugadores.

Confiamos que frente al América con el que pelearemos desde el domingo el título, reverdezca y permanezca esa entrega total que ha desplegado Junior en los últimos partidos del torneo. Fútbol y mística ovalada para enmarcar, si Dios quiere, la tercera estrella consecutiva.

 

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