8:51 pm. Jueves 04 de Abril de 2019
Opinión
8:51 pm. Jueves 04 de Abril de 2019

En las tantas veces que ha participado el Junior en Coipa Libertadores, creo, sin temor a equivocarme, que es esta versión 2019 la más vergonzosa que ha tenido a lo largo de sus actuaciones. Nunca antes que sepamos, el cuadro rojiblanco había tenido tan mala presentación. Tres juegos, tres derrotas. Y lo peor frente a dos de los rivales considerados débiles en el grupo como son San Lorenzo y Melgar, el primero de Argentina y el segundo de Perú.

San Lorenzo al momento de enfrentar al Junior acumulaba cinco meses sin conocer la victoria y en la liga argentina figuraba en posiciones bajas de la tabla. No se daba un peso por este equipo en Copa Libertadores. Y melgar, otro de los equipo “livianos” del Perú también lucía como presa cómoda para un Junior que fue reforzado para ser protagonista en la Libertadores.

Ni lo uno ni lo otro. Los llamados refuerzos, especialmente el chileno-argentino Matías Fernández no ha representado nada de lo que se pretendía tras la cuantiosa inversión del club por sus servicios. Llego como el “Salvador” o por lo menos como la gran figura internacional en la Liga 2019 y del cual se tenían enormes y gratas expectativas. Ha resultado hasta el momento en Liga y en la Copa, uno más sin marcar diferencia.

Tampoco ha sido el jugador líder de empuje que se creía le daría un impulso mayor en el fútbol exquisito que distinguió al plantel el año anterior, que sirvió para lograr la octava estrella y que siguió luciendo en los primeros juegos de la versión 2019. Junior ha perdido hasta ese distintivo que le hizo merecedor de elogios de la prensa y critica colombiana y que le catapultó entre los favoritos de este año para repetir título.

La armonía, la simpleza y capacidad técnica futbolística que envolvía a rivales y los arrumaba con un toque lujoso y productivo, se vino abajo. No quedan sino rezagos de ese lirismo que nos hizo sacar pecho y sentirnos orgullosos incluso a nivel internacional.  Hoy por hoy hemos bajado tanto que equipos de tabla baja nos pasan por encima  en nuestro propio patio.

Hay quienes creen que es hora límite para el entrenador Luis Fernando Suárez y los hay quienes “emocionalmente” claman por el regreso de Comesaña. Ni lo uno ni lo otro. Eso creemos nosotros.  No es momento todavía para que el técnico antioqueño deje las toldas del club. Hay que esperar un poco más para ver si retoma el camino inicial y Junior regrese a su potencial que le ameritó favoritismo para repetir título. Tampoco estaremos de acuerdo con el regreso de Julio Comesaña. El uruguayo, creemos, ya cumplió su ciclo con el equipo rojiblanco y él mismo así lo ha entendido.

A nuestro entender, lo que hay que cambiar es este ultimo “Chip mental” que se ha metido en la cabeza de los jugadores y que les ha hecho creer que son de otra galaxia, que son mejores que todos y que creen que con la camiseta roja y blanca ya son vencedores sin entrar a la cancha. Nos atrevemos a decir que a los jugadores, responsables en grado máximo, se les ha olvidado qué significa estar en un club como Junior. Ya lo dijo recientemente Teo Gutiérrez, pero que, como reza el refrán “predica pero no aplica”; el propio jugador referente de la institución pareciera no importarle lo que pase con el plantel. Su muestra  en el campo luce tan displicente como muchos otros compañeros que no se entregan en los partidos como la hinchada espera. La afición se resiste a creer que algo anormal está sucediendo. Y la crítica periodística apuesta a señalar que en el plantel existe el llamado “entrenamiento oculto”, es decir el desorden personal o indisciplina privada.

Es hora sí, de entrar a considerar el porqué de cada actuación, tanto en Copa Libertadores como en el torneo doméstico. Sin contemplaciones y aplicando con rigor las medidas correctivas que sean necesarias. La decisión queda entonces en manos del cuerpo técnico como en la junta directiva del club. Pero es urgente y necesaria.

A estas alturas, en mitad de la competencia copera, en tres juegos transcurridos sin ganar un punto y sin marcar un gol, nuestro criterio es el de dejar de lado el evento internacional, aunque hay quienes piensan en que se puede dar la clasificación mediante la combinación de resultados. Pero frete a la muestra poco convincente que ha entregado el equipo lo más creíble es no seguir pensando en el “Gran Milagro”. En lo personal, estimo que el equipo deberá entregarse de lleno a lo que resta del campeonato colombiano; nómina hay suficiente y capacidad también; pero claro, hay que rescatar y reimprimirle ese carácter que se necesita, el pundonor y temperamento que debe enmarcar al Junior como ese gran equipo que, por tradición siempre debe distinguirle ante los demás.

 

 

 

 

 

 

 

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