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9:34 am. Miércoles 05 de Junio de 2019
Opinión
9:34 am. Miércoles 05 de Junio de 2019

Los politólogos somos estudiosos de la ciencia del poder, quienes desde diferentes enfoques, intentamos comprender los fenómenos políticos de la sociedad. Por lo tanto, la llegada de Nayib Bukele, no puede pasar desapercibida para ninguno que se dedique a este ejercicio. Revisar y reflexionar acerca de los acontecimientos actuales en Latinoamérica, puede servirnos como brújula incluso para nuestro entorno más próximo como ciudadanos: el local.

Nayib no es un ‘outsider’ de la política, todo lo contrario; este hombre que ha llegado a convertirse en uno de los presidentes más jóvenes de la historia latinoamericana, es un ciclón político que ha alimentado sus fuerzas desde hace varios años. Ha ocupado diferentes cargos y su experticia en el campo de la comunicación y la publicidad, le han permitido sin lugar a duda saber llegar a la gente de una manera franca y directa. Bukele, emite mensajes propagandísticos pensando como receptor, no meramente como un emisor que quiere alimentar su ego (error en el que caen la mayoría de los políticos tradicionales).

Con tan solo 37 años, este personaje nos deja otra enseñanza crucial: la edad en política ya no es un limitante. No pretendo negar que los menores en edad adolecen en muchas ocasiones de experiencia en la praxis pública, y que los mayores por lo general han perdido su capacidad de conexión con las nuevas generaciones, lo que deseo apuntar con esto, es que resulta evidente que la juventud ya no es un impedimento para hacerse elegir. El electorado cada vez más confía en nuevas caras, esto ya lo veíamos en el escenario internacional y hoy lo estamos palpando en una zona del continente que antes había sido muy conservadora en la elección de sus dirigentes.

Para quienes hemos profundizado en el estudio metodológico de Maquiavelo -más allá de la figura y pensamiento que a veces se enarbola frívola y ligeramente-, sabemos que un príncipe según él debe contar con tres elementos principales: virtud, fortuna y necesidad. Los dos primeros siempre mencionados cuando se recuerda al consejero político florentino, pero el tercero muchas veces olvidado, aunque creo, es el más importante. Y fue ese factor precisamente el que Bukele capitalizó en El Salvador, la necesidad del pueblo de ser rescatado de aquellos políticos con los que ya no sentían ni arraigo emocional ni conexión ideológica.

En Colombia se acercan las elecciones locales, una nueva oportunidad para elegir dirigentes, ojalá contemos con la sensatez para seleccionar modelos de gestión comprobados. Que como Bukele, estén cargados de vitalidad, mensajes claros y habilidad de entendimiento con la realidad de la ciudadanía. Igualmente sea este nuevo ciclo político la oportunidad para que surjan nuevos actores, para que se cocinen nuevos personajes. Porque la lección más importante del nuevo Presidente salvadoreño es su capacidad para atreverse, su talante para no dejar pasar oportunidades y saber interpretarlas.

Día de su posesión

 

 

 

 

 

 

 

 

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