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Opinión
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Imposible no referirnos en estos instantes al gran momento que vive por estos tiempos el deporte colombiano. Imposible no hablar de deportistas que en representación del país están mostrando la otra cara, la cara amable y feliz de esta Colombia que cada día se envuelve más y más en hechos vergonzosos como la corrupción, el narcotráfico y el asesinato de líderes sociales.

Como no hablar de estos momentos de gloria deportiva en actividades de carácter internacional que colocan el nombre de la nación en lo más alto haciendo entonar las notas inmarcesibles de nuestro himno. 

Hace apenas dos semanas sonaron con insistencia más allá de las fronteras los nombres de Robert Farah y Juan Sebastián Cabal, dos tenistas hechos a base de esfuerzo conjunto por más de quince años que por fin lograron alzar la Copa máxima de un Grand Slam como lo fue el Torneo de Wimbledon. Nada menos que en tierras inglesas donde el deporte es pan vital para la gente y eventos como estos están reservados para tenistas fuera de serie.

Entonces en Colombia entera se comenzó a hablar de la nueva era tenística, de la nueva ruta en el “deporte blanco” -que dejó de ser blanco hace bastante rato-  y de la “fiebre” de niños y jóvenes por la actividad de la raqueta. El Presidente Iván Duque también se apuntó en el triunfo con mensajes de felicitación y recibimiento de homenaje a los campeones en dobles.

Cuando se creía que se había llegado al tope deportivo con Farah y Cabal, aparece  en camino otra gran conquista como lo es el Tour De Francia, la más famosa de las competencias ciclísticas en ruta. Un joven de apenas 22 años, cuando para muchos otros apenas comienza a abrirse el sendero soñando con tener años después alguna gloria, este joven cundinamarqués que lleva por nombre Egan Bernal descubre a los colombianos y al mundo en general que los grandes éxitos y los máximos logros también están reservados para los atletas colombianos.

Con esta conquista se logra llegar al clímax del pedalismo que durante más de cuatro décadas inició Colombia con aquellos héroes que fueron despejando los caminos para lograr una meta soñada: Efraín “Zipa” González, precisamente de Zipaquirá, la misma tierra de Egan Bernal, se erigió como primer campeón de la Vuelta a Colombia y sin duda, en el pionero de muchas otras hazañas que luego a nivel internacional arrancaron con los “Cochise” Rodríguez, Ramón Hoyos, Alvaro Pachón, Oliverio Rincón y más acá los Fabio Parra, Lucho Herrera, entre otros que sentaron y escribieron el nombre patrio más allá de nuestras fronteras.

Egan Bernal, igual que antes lo hicieron Nairo Quintana en España y Rigoberto Urán en la misma Francia el año pasado, hizo ondear la bandera tricolor y mostraron al mundo entero de lo que somos capaces los colombianos; más allá de ser reconocidos por el narcotráfico, la corrupción y los asesinatos sistemáticos en los que está envuelto el propio Estado.

Ahora, no solo crecerán las raquetas del tenis con la gloria de Cabal y Farah; también se llenaran los campos y calles con bicicletas bajo el influjo y la imagen de Egan Bernal con la gloria de Francia. Y los bates y manillas también crecerán entre los jóvenes y niños colombianos que querrán emular a los Urshela, los Teherán, Los Donovan Solano, los Harold Ramírez y los Óscar Mercado, entre otros, en las Grandes Ligas.

Es sin duda, un gran momento el que vive el deporte nuestro. Conquistas en tenis con Farah y Cabal y en ciclismo con Bernal, son tan representativos y de enorme significado como lo fueron en su momento los títulos mundiales de boxeo con tantos púgiles encabezados por Pambelé, Valdez y Happy Lora, y como las hazañas de Helmut en blanco móvil en Munich 72; María Isabel Urrutia en Pesas el 2000 en Londrés;  Caterine Ibargüen, Mariana Pajón y Oscar Figueroa en Juegos Olímpicos de Londres en el 2012.

Fueron aquellos en esos instantes lo que son hoy los nuevos y gloriosos embajadores de Colombia que siguen demostrando en deporte, que nuestro país es mucho más que lo que se imaginan con el narcotráfico, la corrupción y los asesinatos de lesa humanidad entre quienes no podemos dejar al margen a más de mil líderes sociales.

El deporte, como ha sido tradicional e histórico sigue siendo para el mundo la cara amable y feliz de Colombia. 

 

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