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Opinión
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La zona Económica Exclusiva del Mar Caribe, representa casi la mitad del territorio continental colombiano. No obstante, la mirada andina que ha imperado a lo largo de la historia como país, ha llevado a que las decisiones en materia de política exterior sean tomadas desde Bogotá, dejando en un plano secundario el inmenso universo de posibilidades que el Gran Caribe representa para los intereses nacionales.

Es claro que por mandato constitucional las relaciones internacionales son responsabilidad del presidente, sin embargo, las características demográficas y geográficas del territorio, deberían conminar al gobierno central a diseñar, construir y poner en marcha una política pública en la cual, la interacción con el resto del mundo contemple las diferencias inherentes a la nación.

En ese orden de ideas, el Caribe colombiano debe erigirse como una pieza primordial en ese engranaje que impulse la proyección de Colombia hacia el mundo, debido a ese carácter multidimensional que la Cuenca tiene para el país. Tres variables se destacan:

Seguridad nacional: sus características la convierten en el canal ideal para el crimen trasnacional en todas sus facetas. Desde el tráfico de armas, drogas y la migración ilegal, circulan con la confianza que le ofrece la amplitud de un gigantesco mar, difícil de controlar debido a la carencia de políticas consensuadas entre sus vecinos. Además, un factor climático que incide con mayor vehemencia, ya que sumado a la tradicional ola de huracanes se agrega el sargazo que ya ha causado estragos en nuestras costas.

Comercio: en esa extensa cuenca, se encuentran dos acuerdos de carácter subregional que representan un inmenso potencial para el comercio nacional. Tanto el Caricom (Caribbean Community) como el MCCA (Mercado Común Centroamericano) tienen mercados que se complementan con el abanico exportador colombiano, sin embargo, el énfasis fue y sigue siendo los Estados Unidos, corroborando el réspice polum esgrimido por Marco Fidel Suarez hace ya casi cien años.

Historia y cultura:  no obstante que es la zona más diversa lingüísticamente, esos vasos comunicantes que aunque intangibles, nos unen mucho más que aquellos que nos distancian. La cultura en todas sus facetas y el origen afro, son evidentes ejemplos de esos lazos que se han entrelazado profundamente a la largo de nuestras historias y que nos convocan a mirar el futuro de manera conjunta.  

Estos tres factores unidos, llevaron a la Misión de Política Exterior de 2010, ha posicionar el Caribe como una región estratégica para la política exterior colombiana, planteando una serie de acciones que permitirían engranar a la Región como pieza fundamental en el proceso de inserción competitiva del país en la arena internacional.

A la fecha, no se han evaluado los alcances de las propuestas de la Misión. Es una tarea pendiente de académicos y tomadores de decisiones, especialmente aquellos administradores de los entres territoriales ubicados en nuestra región.

En ese orden de ideas, este espacio se dedicará a desarrollar un profundo análisis del informe, desglasando los logros y tareas pendientes que se han tenido en la presente década.

Sin duda, desde el Caribe debe transformarse de inmediato el imaginario de ese país andino que nos enseñaron. Esa Colombia que equivocadamente considera que solo podrá insertarse al mundo globalizado mediante las ideas y estrategias de unos funcionarios que enclavados en la mitad de la cordillera oriental minimizan la importancia de y trascendencia internacional de nuestra región.

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