Universidad Metropolitana
10:20 am. Domingo 15 de Marzo de 2020
Opinión
10:20 am. Domingo 15 de Marzo de 2020

El nuevo coronavirus que azota al planeta desde el año 2019 pertenece a la gran familia de los coronavirus (CoV), los cuales han producido enfermedades tan o más graves que la actual pandemia, como el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS CoV).

El nCoV-2019 se conoce también como covid-19. “Co” viene de corona, la cual se le vio al virus en el estudio microscópico (de ahí su denominación general de coronavirus); “vi” viene de virus; “d”, por “disease”, que significa enfermedad en inglés; y “19” se coloca por el año en que apareció el primer brote.

Como lo destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS), el “…nuevo coronavirus (nCoV-2019) es una nueva cepa de coronavirus que no se había encontrado antes en el cuerpo humano” (ver la página web de la OMS, hoy por hoy la institución internacional de punta en el manejo de este brote del 2019).

El virus habita normalmente en algunos animales, pero aún no hay datos concluyentes para establecer de qué animal provino. La ciudad china de Wuhan, donde se produjo el primer brote, tiene dos condiciones especiales que podrían explicar el surgimiento y expansión del covid-19: el comercio de muchos animales vivos, y el hecho de ser un puerto de tránsito y llegada para viajeros nacionales y del exterior.

Ese brote de coronavirus tiene un gran impacto por su rápida propagación, por su efecto en el contexto internacional (turismo, transportes…), y por el papel divulgativo de los medios de comunicación (y de las redes sociales), a pesar de que no es tan letal como varios de sus ancestros. Es tan veloz su morbilidad (o capacidad de contagio) que hasta las teorías conspirativas han resurgido, incrementando exponencialmente el recelo y el pánico.

La mortalidad provocada por el nCoV-2019 está muy por debajo de otras virosis de su tipo, pero el daño que ha provocado en el transporte, en el turismo y en otras actividades económicas ha ido configurando casi una catástrofe, la cual es repotenciada por el papel del rumor y de los medios masivos de comunicación. Junto con la guerra de precios entre los petroleros, la pandemia se convirtió en el principal factor del desasosiego actual de la economía, incluidas las bolsas de valores.

A pesar de su baja mortalidad, hay riesgos con esta agresiva cepa, sobre todo en las personas de edad avanzada, y en aquellas que tienen una condición de salud que las hace muy vulnerables, como los diabéticos, los que padecen de presión alta, cáncer, enfermedad coronaria o problemas pulmonares, entre otras dolencias.

El nuevo coronavirus se ha propagado a muchos lugares, además, por el alto grado de integración de la economía de los países, y por las formas de transporte colectivo hoy dominantes, que sirven de caldo de cultivo para su reproducción. El virus se incuba en el cuerpo por espacio de 14 días, a partir de los cuales aparecen los principales síntomas.

La fiebre, la tos, el moqueo, el malestar general, entre otros síntomas, aproximan al covid-19 a una gripa común, cuya intensidad varía de acuerdo al paciente. El espectro de efectos se extiende desde aquellos que no se complican (o que, incluso, carecen de sintomatología, lo cual los hace más peligrosos para contagiar), hasta quienes mueren, debido a las afectaciones pulmonares, cardiovasculares o de otro tipo.

Como se parece tanto a otras enfermedades virales, la única manera de saber si el ataque lo produjo el nuevo coronavirus es haciendo pruebas y rigurosos exámenes de sangre y laboratorio, que sirven para confirmar el diagnóstico.

La OMS ha insistido en la urgencia de prevenir la enfermedad, y le ha entregado a la comunidad internacional algunas directivas para frenar el contagio. La primera medida se relaciona con establecer adecuados controles de salida y entrada en los países que presentan brotes.

Las revisiones médicas en los sitios de ingreso y salida son claves, sobre todo partiendo de las naciones que ya tienen brote, como fue el caso inicial de China. Aislar y sellar esos brotes es esencial para contener la rápida propagación. Y en los casos de infección comprobada, se impone la cuarentena y el tratamiento con paliativos.

No hay cura para la enfermedad, pues el virus no muere con los antibióticos, y aún no se ha producido una vacuna que permita combatirlo, mediante el trabajo del sistema inmunológico del organismo humano. Por lo tanto, el tratamiento, hasta ahora, se apoya en paliativos, que reducen algunos síntomas, pero no eliminan la raíz del mal.

En consecuencia, la principal arma para evitar el crecimiento de la infección y el daño que provoca es la prevención. La OMS (que es la autoridad directiva y coordinadora en temas de sanidad global dentro de las Naciones Unidas) sugiere una serie de comportamientos sencillos para evitar el contagio, entre los cuales el más importante consiste en lavarse las manos con regularidad.

Lavarse las manos con agua y jabón, o con un desinfectante que contenga alcohol, es una forma efectiva de matar el virus, antes de que entre al cuerpo. Con las manos se tocan muchas superficies que podrían estar contaminadas, y esta es una de las formas de infección más comunes.

No tocarse la cara, la boca, los ojos o la nariz con las manos, sin antes desinfectarlas. La desinfección debe hacerse al efectuar actividades habituales, como comer o después de ir al baño, o luego de tocar superficies de uso común.

Al estornudar o toser, hay que cubrir la boca o la nariz con el brazo (flexionando el codo), o con un pañuelo u otro material pertinente.  Al proceder de ese modo, se coloca una barrera en la propagación del virus, que viaja en las partículas de saliva que se expelen al exterior.

Hay que mantener mínimo un metro (o un poco más, por seguridad) de distancia de las personas con fiebre, tos o que estornuden. Al estar muy cerca de alguien con una enfermedad respiratoria, se podría inhalar el virus que genera la dolencia, a través de las gotículas que lanza al aire cuando tose o estornuda.

Cambiar el saludo de manos o de beso por una reverencia, o por una gesticulación que no implique el contacto físico entre las personas. La morbilidad de este virus es alta, y eso se debe, en parte, a los contactos directos entre personas.

Si presenta tos, fiebre o malestar general, busque asesoría médica. Trate de conseguir información previa vía telefónica o por otro medio, antes de trasladarse a un hospital, para evitar el contagio de otras personas o el colapso de los sistemas de salud.

La humanidad ahora está mejor preparada para enfrentar el ataque de los virus. En el pasado, las enfermedades por virus o bacterias devastaban a las poblaciones que carecían de defensas en su organismo para enfrentarlas. En el siglo XIV, en Europa, la peste negra arrasó con más de la mitad de la población. En los tiempos coloniales en América, los virus que viajaban con los conquistadores provocaron una catástrofe demográfica entre los indígenas.

En la actualidad, las vacunas, los antibióticos y los medicamentos paliativos reducen las infecciones por virus o bacterias y salvan muchísimas vidas en todo el planeta. Este progreso ha sido complementado con el desarrollo de sistemas de salud que facilitan la atención de los enfermos.

Algunas virosis, anteriormente mortales, prácticamente han desaparecido hoy de la faz de la tierra, gracias a las vacunas. El sarampión y la viruela, que mataron muchas personas en el pasado, son ejemplos a destacar. El covid-19 será un peligro hasta que los científicos produzcan la vacuna que lo contrarreste. Ya en eso se está trabajando.

Entre tanto, lo más conveniente es seguir las recomendaciones de los expertos para evitar el contagio. En los actuales momentos, la tarea más importante es la prevención, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Entrar en pánico y hacer colapsar los sistemas de salud (que en algunos países son muy precarios) representa trabajar para el virus y en contra de uno y de la humanidad. Prevención es la palabra clave, antes de que llegue la vacuna.

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