El fallecido presidente de Uzbekistán, Islam Karímov.
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EFE

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Luego de rumores y secretismo, Uzbekistán confirma muerte de su presidente

Islam Karímov falleció a causa de un derrame cerebral.

El presidente de Uzbekistán, Islam Karímov, nacido el 30 de enero de 1938 en Samarkanda y fallecido hoy a los 78 años debido a un derrame cerebral, gobernó de forma autoritaria el país centroasiático desde 1990, un año antes de su independencia de la Unión Soviética.

Karímov se formó como ingeniero mecánico en el Instituto Politécnico de Asia Central y después obtuvo la graduación en el Instituto de Economía Nacional de Taskent.

Trabajó como capataz en una granja estatal de Taskent y también como ingeniero proyectista, y en 1963 ingresó en el Partido Comunista uzbeko.

A partir de 1966 trabajó en la administración de la república soviética de Uzbekistán y llegó a primer vicepresidente del Comité de Planificación Estatal (GOSPLAN) uzbeko.

Nombrado ministro de Finanzas de Uzbekistán en 1983, tres años después de convirtió en vicepresidente del Consejo de Ministros y presidente del Comité de Planificación de la república.

En 1990 fue nombrado primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán, una república con importantes recursos energéticos y producción algodonera que el 31 de agosto de 1991 obtuvo su independencia, ratificada en referéndum el 29 de diciembre.

También en 1990 entró en el comité central del Partido Comunista soviético (PCUS) y pasó a ser miembro de su Buró Político, pero abandonó ambos órganos el 23 de agosto de 1991, tras la fracasada intentona golpista en la URSS.

Desintegrado el gigante soviético en diciembre de 1991, Uzbekistán se adhirió el 21 de ese mes a la nueva Comunidad de Estados Independientes (CEI), y Karímov reemplazó la caduca formación comunista por el Partido Liberal Democrático, con el que el 29 de diciembre arrolló (86 % de votos) en las primeras elecciones presidenciales directas.

Considerado un líder autoritario por organizaciones pro derechos humanos, Karímov descartó privatizar la tierra, restringió el número de partidos bajo argumentos de prevención del orden social e impuso un rígido control de los medios de comunicación.

Se salvó de un atentado el 16 de febrero de 1999, cuando seis coches bomba estallaron poco antes de que su comitiva llegase a la Plaza de la Independencia de Taskent causando 15 muertos y un centenar de heridos.

A medida que crecían las susceptibilidades con Rusia y los vecinos centroasiáticos, Karímov tendió puentes hacia países como Estados Unidos, Turquía, China y Francia.

Se solidarizó con el embargo estadounidense a Irán y se unió a la exportación de hidrocarburos del mar Caspio por la vía azerbaiyano-turca, grata para Occidente.

En asuntos de seguridad, Uzbekistán gozó de estabilidad hasta finales de 1997.

Pero la victoria de los integristas talibanes en Afganistán y los nacientes ataques en el Valle de Ferganá del Movimiento Islámico Uzbeco (MIU) -extremistas apoyados por el régimen talibán que luchaban en esa zona compartida por Uzbekistán, Tayikistán y Kirguizistán-, alertaron a Karímov contra el integrismo islámico.

Al frente del país, Karímov hizo especial énfasis en la instauración de un Estado laico, persiguiendo toda manifestación de fundamentalismo.

En 1995 convocó un plebiscito por el que prorrogó su mandato hasta 2000, cuando volvió a ganar los comicios, y en 2002 convocó otra consulta popular ampliando su mandato de cinco a siete años.

En mayo de 2005 reprimió con dureza una revuelta civil desatada en la ciudad de Andiyán, en el Valle de Ferganá, la zona más pobre, poblada e inestable de Asia Central, con un balance que las organizaciones de derechos humanos cifraron en más de 800 víctimas mortales (187 reconocidas oficialmente).

Se proclamó ganador de las elecciones celebradas en diciembre de 2007 (88 % de los votos), cuestionadas por los observadores occidentales, y en marzo de 2015 (más del 90 %), en las que según la OSCE "no hubo espacio para la oposición".

El 28 de agosto de 2016 fue hospitalizado tras sufrir un derrame cerebral y cinco días más tarde, el 2 de septiembre, el primer ministro turco, Binali Yilidirim, fue el primero en anunciar en Ankara que había fallecido.

La confirmación oficial llegó mediante un comunicado conjunto del Gobierno y el Parlamento de Uzbekistán, ya de noche en el país, y puso fin a un día de rumores y secretismo sobre la suerte del mandatario, que será enterrado este sábado en su ciudad natal, Samarkanda.

EFE

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