El defensa colombiano del FC Barcelona, Yerry Mina (i), disputa el balón ante el delantero del Celta de Vigo, Pione Sisto.
El defensa colombiano del FC Barcelona, Yerry Mina (i), disputa el balón ante el delantero del Celta de Vigo, Pione Sisto.
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EFE

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Barcelona sobrevive en Balaídos al acoso del Celta

Yerri Mina fue titular en el partido que terminó 2-2.

El FC Barcelona se mantiene como líder invicto de la liga después de empatar en Balaídos ante el RC Celta (2-2), en un vibrante partido en el que equipo gallego, liderado por Iago Aspas, atacó con descaro la portería del conjunto catalán, que reservó su habitual equipo titular para la final de la Copa del Rey.

El Barcelona mantiene sin mancha alguna su hoja de ruta hacia el título de liga. Nada altera su curso impecable. Ni las bajas de Iniesta, Busquets, Rakitic y Piqué. Ni la suplencia de Messi, Luis Suárez, Alba y Umtiti. Sigue invicto, pese a sufrir un mundo en Balaídos, un dolor habitual en las últimas temporadas.

El ritmo del inicio fue trepidante. Coutinho lideró la versión B del Barcelona con su velocidad y regates, asociándose con Denis Suárez y Dembélé, que malgastaron las primeras ocasiones. No atemorizó al Celta. Cumplió el guión que suele diseñar Unzué: presión alta, salida rápida de la pelota.

Se apoderó de los galones celestes el joven Brais desde el centro del campo. Y él, con el omnipresente Aspas, fue la brújula para que su equipo se lanzase a por el gol. Primero con una triangulación Brais-Aspas-Maxi Gómez, que el delantero uruguayo no culminó en el mano a mano ante Ter Stegen; después con un buen centro de Sisto al que no llegó Wass dentro del área; un poco más tarde, un gran contraataque guiado por Aspas que no coronó Brais, desatinado en un lanzamiento cómodo.

El Barcelona asistió con asombro al empuje gallego. Reaccionó tímidamente, aunque con peligro, con un cabezazo al poste de Paulinho a la salida de un córner. Luego, su misión fue otra vez la de soportar el acoso celeste, bien con la anticipación de Yerry Mina para evitar un remate de Maxi Gómez, bien con un paradón colosal de Ter Stegen a un lanzamiento de Brais Méndez.

El Celta dominó con orden, con jerarquía futbolística, pero pagó con un precio excesivo su primer error defensivo. El Barcelona cazó un mal pase horizontal de Jonny en el centro del campo. La recuperación encarriló un contragolpe que finalizó Dembélé con gol.

El castigo fue grande para el Celta. Pero se rehizo. Y Jonny corrigió su error anterior. Se anticipó a André Gómes en el centro del campo y acompañó con éxito hasta la línea de gol un contraataque que movió Aspas y Maxi Gómez. Jonny corrió cuarenta metros y marcó dentro del área pequeña.

El segundo tiempo mantuvo la intensidad. El libreto fue parecido. El Celta perdonó: un pase de Brais colocó a Jozabed solo ante Ter Stegen, que evitó el gol. Valverde metió a Messi. Y poco después llegó el gol con una rápida acción, una buena combinación de equipo que acabó con un centro de Semedo que remató Paulinho desde el área pequeña.

El gol del Barcelona volvió a estimular al Celta, otra vez capaz de dominar el partido, de encerrar al Barcelona, de crear un sinfín de oportunidades; un tiro de Aspas, otro de Maxi Gómez, uno de Emre Mor, otro de Radoja. Sobrevivió el Barcelona, que defendió con un jugador menos los últimos veinte minutos por expulsión de Sergi Roberto, que tuvo que aprisionar a Iago Aspas al borde del área para parar una contra.

El Celta logró el gol del empate muy cerca del final. Marcó Aspas: Ter Stegen despejó un centro de Emre Mor y Aspas recogió el rechace, primero con el pecho, después con un brazo. Fue la recompensa a un partido enorme del Celta, en especial de Aspas, su estrella, que no desistió hasta el pitido final, pues le metió un balón de oro a Boyé para que este rozase el gol de la victoria en el último minuto.

EFE

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