8:51 am. Domingo 01 de Julio de 2018
Opinión
8:51 am. Domingo 01 de Julio de 2018

Aliou Cissé es el entrenador del potente equipo senegalés, hoy conocido como los Leones de Teranga (o Téranga, palabra convertida por los periodistas en Taranga). Cissé proviene de un pequeño país donde la cultura oral sigue ocupando un lugar de primer orden entre sus habitantes.

Senegal está situado al occidente del continente africano, en Cabo Verde, una península a la que suelen llamar el Cuerno de África. En esa nación se habla francés, como consecuencia de que fue una colonia francesa, especializada en la trata de esclavos en los tiempos coloniales.

Las personas esclavizadas de Cabo Verde eran preferidas por los tratantes, pues se vendían muy bien en los mercados americanos, debido a su gran tamaño y fortaleza física. Aunque, también, solían ser propensos a la protesta y a la lucha, como lo demuestra la historia de la esclavitud de este lado del Atlántico.

Gran parte de la riqueza existente en la época de la esclavitud fue cosechada mediante la compra-venta de seres humanos esclavizados, que habían sido aprehendidos o negociados en el occidente de África.

Los Leones de Teranga expresan una contradicción en los términos, después que uno se entera del origen de esos términos. Es claro que lo de leones tiene que ver con la fiereza con la que luchan en el terreno de juego, y con el animal que los define.

Pero, eso de Teranga ¿qué significa? Cualquiera pensaría que se trata de una región de Senegal, o de un río o algo así. Ninguna de las anteriores: Teranga es el nombre que le han dado a un comportamiento social, a una costumbre ancestral, asociada al buen trato, a la hospitalidad, especialmente hacia los desconocidos.

Las agencias de turismo convirtieron la Teranga en una virtud nacional, para atraer turistas. El turismo es uno de los renglones económicos más importantes de Senegal. Pero, a despecho de esta explicación,  confunde pensar que un equipo que jugó tan duro contra Colombia pueda representar la Teranga.

Aliou Cissé, el jugador que avanzó con su país a los cuartos de final en el campeonato de Corea-Japón de 2002 (y que abandonó la pobreza gracias al fútbol), fue el encargado de preparar la táctica de los Leones para enfrentar a los nuestros.

Cissé tenía claro que los colombianos superaban a los suyos en sutileza y versatilidad técnica, pero, también,  que sus dirigidos eran superiores en arrestos físicos. Por eso organizó sus tanques de guerra para aplastar al combinado nacional.

Sus gigantones de ébano molieron arriba a Falcao, quien nunca dejó de combatir, a pesar del miedo. Después, neutralizaron a Borja, enfrentado sin éxito a la impenetrable muralla. Sucede que varias moles de más de un metro con noventa, y unos futbolistas que parecían luchadores, hacen temer al más bravo, a punta de encontronazos.

Con esa táctica violenta, Senegal asfixió a Colombia y la aterrorizó en el primer tiempo. Todo salía perfecto, de acuerdo con el plan de Cissé. Hasta que sobrevino el milagro: uno de los descendientes colombianos de los Leones se elevó por encima de las torres, y metió un cabezazo mortal que eliminó del torneo al combativo e intimidante cuadro senegalés.

Colombia superó poco a poco el terror que infundía el equipo africano, un pavor que sentíamos todos, adentro y afuera del estadio. Nadie sabía cómo ganarle a ese bloque de metal, que era casi indescifrable.

Hasta que apareció el milagro: una bala perdida (en ese mar oscuro que auguraba derrota o, quizás, empate), nos sacó del pesimismo de manera increíble, cuando ya nadie daba un peso por la victoria de la tricolor.

Ganar así, ajustándose la correa, es mucho más meritorio, pues hubo que sobreponerse al mal juego inducido por la presión del contrario y, también, a la desazón y al temblor que provocaban los gigantones de enfrente.

Los leones de la tierra de la Teranga cobraron un alto precio por su derrota: hicieron lucir muy mal a nuestro onceno, y casi nos dejan por fuera, de no haber sido por la testosterona de Yerry Mina.

Ese encuentro entre Senegal y Colombia pasará a la historia como el enfrentamiento entre la Teranga y la testosterona. Todos ya saben que, finalmente, ganó esta última. Entre otras cosas, porque la Teranga desapareció, por las urgencias de Senegal, del Samara Arena.

Con este triunfo, Colombia sigue en la lucha, demostrando que juega como un buen equipo, y que tiene recursos para ganarle a cualquiera. Además, acaba de dejar constancia de que no se le arruga a nadie, como lo hizo ante el terrorífico cuadro senegalés. Con Teranga o sin Teranga.

Con técnica y valor quizás llegue más lejos de lo que todos imaginamos. Ojalá se cumpla este vaticinio. Si superó el hueso duro de Senegal ¿no podría ganarle a cualquier otro que no venga de la Teranga?   

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