9:30 pm. Jueves 18 de Mayo de 2017
Opinión
9:30 pm. Jueves 18 de Mayo de 2017

La utilidad neta crecida en un 362 por ciento en el periodo 2016 con relación al año inmediatamente anterior, denota en el Junior la contradicción abismal de lo que produce el ejercicio administrativo con el rendimiento deportivo del equipo. Si las cifras señaladas por la Supersociedades corresponden a la verdad- y creemos que sí- se reafirma mucho más el pésimo desempeño que en la cancha tuvo el plantel en la pasada temporada y que sigue teniendo en lo que va corrido del presente.

De acuerdo con la información de la Superintendencia de Sociedades, sobre ingresos y ganancias o utilidades, Junior fue el quinto en el ránking en cuanto a ingresos en el 2016 con una cifra de 38 mil 48 millones, superando los 27.176 millones en el período del 2015. Esto en materia de ingresos representa  una utilidad neta de 3.494 millones en relación al déficit de 1.336 millones que tuvo hace dos años.

Desde luego que muy por debajo de la utilidad alcanzada por el Atlético Nacional en el 2016 y que fue de 161 mil 125 millones duplicando y un poco más de los 72 mil 138 millones que logró el club antioqueño en el año 2015.

Todo esta parte introductoria para considerar que mientras el club rojiblanco en el 2015 dirigido en parte por Alexis Mendoza y alcanzaba el título de campeón en la Copa Águila, en lo económico dejó un déficit de más de 1.300 millones de pesos, lo que muestra una contradicción entre la negación económica y lo positivo del rendimiento deportivo.

Pero lo más curioso es que en la vigencia del año anterior (2016) mientras se obtienen ganancias significativas de 3 mil 499 millones de pesos, la respuesta en materia de competencia fue totalmente negativa, tanta como lo es en lo que va corrido de este año. Cabe preguntar entonces ¿por qué si en el año 2016 hubo ganancias por más de 3 mil cuatrocientos millones de pesos, se contrataron “refuerzos” de tan pésimos rendimientos? Afectando no solo las arcas del club, sino “matando” la pasión de toda una afición. Ha sido tan deprimente y vergonzosa la actuación del equipo que solo anunciar el nombre Junior causa pena en el concierto nacional.

¿Será cierto acaso que las contrataciones no las hacen los directivos ni los técnicos, sino quienes manejan la administración y el departamento de mercadeo del club? Hay quienes afirman que en ellos, dos ejecutivos del interior vinculados hace varios años a la institución, reposa la responsabilidad de contratación de los jugadores llamados refuerzos y resultan fiascos, mientras los directivos por “falta de voluntad” solo pueden dedicar un tiempecito al club y los técnicos se complacen en aceptar lo que les entregan.

Las muestras son cada día más dicientes. Al Estadio Metropolitano Roberto Meléndez llegan los rivales a humillar al Junior y a burlarse de una hinchada impotente que solo espera el final de tanta tragedia. Los directivos o dueños del equipo se han vuelto tan insensibles que en nada les importa lo que pase en la cancha, como nada les importa que los jugadores se conviertan en hazmerreir del pueblo, como payasos de circo. O resulten tan irresponsables que los mejores comentarios del público sea el de tildarlos de borrachines. Como insensibles son los técnicos que acolitan actos de indisciplinas justificándolos por estar en “su día de descanso”. Los propios directivos parecen haberse encorchado en una caparazón que hacen oídos sordos a las críticas y comentarios que les corresponden, bajo el argumento de que si a éllos que son los dueños no les duele, ¡qué le va a doler a la afición!  

No se sabe hasta dónde se va a llegar, ni cual el futuro inmediato del equipo. Lo cierto es que se ha caído tan abismalmente que el público está exigiendo un cambio monumental en todo el club. Comenzando por quienes “creen ejercer el derecho de propiedad”, olvidando un precepto inmodificable en el sentimiento de que el Junior no es de nadie en particular porque Junior es de toda Barranquilla.  

No más burlas, no más humillaciones, no más vergüenzas. Señores del Junior sean consecuentes. Cambien todo, pero todo lo que haya que cambiar o cámbiense ustedes, háganse a un lado y dejen que otros asuman la vocación y responsabilidad que a ustedes les ha faltado en los últimos tiempos.  

       

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