1:52 pm. Viernes 06 de Octubre de 2017
Opinión
1:52 pm. Viernes 06 de Octubre de 2017

Le dicen “El Ñoño”. Tiene pinta de bacán, habla con desenfado y afirma ser querido por todos. Es un duro en esto de ganar electores. Su votación, hoy, la desearía cualquier candidato de esos que andan por ahí mendigando firmas para aspirar a la Presidencia. “El Ñoño” Elías tiene, según la Fiscalía, mucho que ver en las coimas de Odebrecht, lavado de activos y un prontuario en los trágicos carteles de córdoba que van desde “el cartel de la hemofilia”, hasta el conocido como el de “síndrome de dawn”.

Pero este barón electoral, apenas pisó la cárcel, salió lloroso, compungido y victimizado ante los medios  alegando que él estaba en “una cárcel infrahumana, durmiendo casi que en una tabla y sobreviviendo en las peores condiciones”. Su sincera declaración casi me conmueve. No habrá faltado aquel que, emocionado, exclamó: “¡pobre hombre! ¿Y qué quiere “El Ñoño? ¿Cama King Size? ¿Nevera bar aprovisionada? ¿Sauna, TV y cable? Está en la cárcel Senador. No en el Hilton.

En el reparto del melodrama político muy de moda por estos días en Colombia, aparece también en escena el exministro Andrés Felipe Arias. Él, siempre bien vestidito, con su cara de “yo no fui” y su sueño de ser Uribe, jura y perjura que es inocente. Hace meses él y su esposa, ante la inminente decisión de un juez de Estados Unidos para extraditarlo a Colombia donde le esperan no muy dulces 17 años de prisión, grabó un video en el que alegan su inocencia, suplican justicia y aluden a la trajinada “persecución política”. A su esposa le tiembla la voz. Una ligera lágrima se asoma y, al final, suplica ayuda con el habla entrecortada.

Los uribistas se rasgan las vestiduras denunciando la persecución contra este “pobre ciudadano”, perseguido como venganza de Santos contra Uribe. Aluden a la trágica situación familiar que vive el exministro y relatan sin dignidad como los pocos amigos que le quedan, tienen que “hacer vaca” para que el pobre Arias subsista en un cómodo barrio de Miami. Me conmovió tanto, que empecé a buscar el link donde podría hacer mi humilde donación para que el ex Ministro y su familia no murieran de hambre. Antes de hacerlo, me detuve a pensar… ¿y cómo por qué hay que salir a ayudar a este hombre? ¿Acaso los desfalcos con el Agro Ingreso Seguro no fueron suficientemente dicientes para que Arias esté preso? ¿Y su nexo con Odebrecht qué? No, Andres Felipe. Por ahí no es la cosa. Tu conmovedora escena en la que expones a tu familia no cambia nada. ¿Antes de delinquir pensaste en ellos?

Pero la cereza del pastel se dio apenas ayer. Mientras Colombia caía ante Paraguay con la “ayuda” de un horrible James, un manifloja Ospina, un chiquichá Cuadrado, un insulso Cardona y un terco Pékerman, el Senador Musa Besaile se entregaba a la justicia. Pero hasta ahí no quedó la cosa. Se entregó con show mediático abordo. La familia del Senador publicó un video en que los protagonistas son Musa, su mujer e hijos. La esposa del hoy encarcelado, llorosa, aparece diciendo dramática: “ahí les entrego a un ser humano”,  ante el llanto conmovedor de sus pequeños hijos y la cara impertérrita de Musa que no dijo ni mú, como si la cosa no fuera con él. El político en desgracia se dejó abrazar, besar y llorar de sus hijos y esposa… pero en el más crudo mutismo. Hasta a mí se me asomó una lágrima cuando la hija menor abrazaba desesperada a su padre.

Justo en ese momento pensé que los actuales realitys en Colombia quedaron sin piso. ¿Qué más realitys  que estos donde los corruptos políticos fungen ahora de víctimas y acuden a la porno miseria para exponer sus pesares, tragedias y hasta a sus familias? Seguro que el rating de este video lo envidiaría “Protagonistas de Novela”. Han sido tan trinadas las campañas televisivas de estos tres personajes que hoy esperan sentencia en cárceles del país, que se dice que ya hay un staff de creativos ofreciendo sus servicios a los políticos que están en capilla de ser aprehendidos por la Justicia, para que puedan inspirar lástima y ganar simpatías.

Mi abuela decía en su mal pronunciado español que “para qué llorar por la leche derramada”. Más bien, en vez de estos montajes lacrimógenos, cursis, que atentan hasta contra el buen nombre de sus propios hijos a los que exponen sin piedad ante la opinión pública, deberían ponen el pecho al asunto, aceptar sus culpas y pedir perdón. Y para las esposas un mensaje final: ¿nunca sospecharon de las andanzas de sus maridos? ¿Nunca les entró un ápice de duda a pesar de todas las denuncias de la prensa? ¿No sospecharon si quiera un segundo de dónde salía el dinero para sus lujosas joyas, viajes y caprichos? Tal vez el próximo año, cuando el peso de la ley haga su efecto, en una carta privada, menos mediática, pero sincera, ellos les darán la respuesta. Mientras tanto, el show queda abierto para todos los que faltan por caer.

 

Comentarios