10:18 am. Domingo 02 de Septiembre de 2018
Opinión
10:18 am. Domingo 02 de Septiembre de 2018

Desde hace unos días circula en las redes sociales un curioso meme, según el cual el Concejo y la Alcaldía privatizarán el Gran Malecón del Río. Este entrega detalles sobre la desafortunada decisión, y se atreve a vaticinar que hasta cobrarán la entrada.

Quien hizo el meme quizás solo quería sembrar la confusión a propósito de las elecciones del próximo año, o no tiene ni idea de lo que es o será el Gran Malecón, cuando se completen los más de cinco kilómetros de obra.

Lo triste del asunto no es tanto el meme mentiroso (fake news), sino el hecho de que mucha gente haya creído lo que expresa, ya sea por interés político electoral o por sincera inquietud con respecto a la defensa de lo público.

Cualquiera que se ponga a pensar acerca de cómo se podría cobrar el ingreso al Gran Malecón no tiene más remedio que desembocar en una gran carcajada. Lo que se ha construido hasta ahora ofrece una idea de lo que es y será este importante conjunto: un espacio abierto, y dispuesto para el disfrute colectivo gratuito de raizales, adoptivos y visitantes.

El camino andado hasta el momento es parecido a lo que se tiene programado para las demás etapas: construir un escenario público que permita acercar la ciudadanía a su río, en un ambiente moderno y decoroso en que se pueda combinar lo recreativo con lo cultural, lo ecológico y lo histórico, entre otros tópicos.

Para poder cobrar la entrada (como dice el tendencioso meme, y se lo creen quienes quieren creerlo) habría que cerrar más de cinco kilómetros de construcción casi lineal, de un Malecón al que se puede entrar ahora libremente por cualquier lugar.

Quizás las únicas maneras de lograr semejante propósito privatizador serían construir un muro parecido al de la ciudad de Berlín en aquellos dolorosos tiempos de la guerra, o colocar un vallado parecido al que le ponían los nazis a los campos de concentración.

La única diferencia con la época del fascismo alemán estaría en que ahora, detrás del nuevo muro o de las vallas dispuestas para evitar el ingreso gratuito de la gente, no estarían personas sino el propio río, enjaulado como un preso para evitar que la ciudadanía lo vea sin pagar nada.

¿Cómo es posible que haya personas que crean tamaña barbaridad? ¿El gobierno y los concejales, escuchando el clamor de los historiadores y de quienes entienden la importancia del río en la historia de la ciudad, le metieron mano al proyecto del Malecón para cobrar porque la gente se acerque a disfrutar del Magdalena?

Es imposible cobrar para ingresar al Gran Malecón, a menos que procedamos como los nazis o los estalinistas, encerrando al Magdalena como si fuera un rehén. Otra cosa es la administración del lugar, diseñado para contener diversas actividades.

Esta obra está llamada a convertirse en la más emblemática de la ciudad, por su impacto recreativo, turístico, cultural y educativo. Una urbe que nunca ha tenido un perfil turístico, puede ahora asirse a este recurso con proyección nacional e internacional.

Una ciudad con escasez relativa de espacio público para la recreación, con pocas zonas verdes o parques, tiene ahora la posibilidad de reducir esa brecha con un escenario multipropósito que requiere una buena administración.

Esta era la gran preocupación del gobierno, de los concejales y de la ciudadanía. ¿Quién o qué organismo manejaría la administración o el mantenimiento y la sostenibilidad de esta obra tan importante para la ciudad?

Lo que aprobó el Concejo en su Acuerdo fue entregarle la administración y conservación a la Empresa Puerta de Oro, un organismo que hoy dirige el Centro de Convenciones del mismo nombre, y que tiene presencia de representantes de los sectores públicos y privados.

Por ninguna parte se planteó la “privatización” del ingreso al Gran Malecón, mediante el cobro de una entrada, ni mucho menos se sugirió la construcción de un muro o valla para evitar que la gente entré gratis al sitio. Eso es descabellado e iría contra el sentido social del bien.

El gobierno y los concejales resolvieron de la manera más práctica y adecuada un asunto tan delicado, como es la administración y mantenimiento de este bien público: entregarlo a una organización autónoma tanto del Concejo como de la Alcaldía, para evitar que caiga en manos de la politiquería y el clientelismo tradicionales.

En el pasado se cometió el error de dejar que los políticos inescrupulosos se tomaran instituciones públicas que ofrecían servicios imprescindibles fundamentales, como la Telefónica y las EPM. El resultado fue la destrucción de esas empresas, por efecto de la corrupción, con las consecuencias funestas ya conocidas para toda la ciudadanía.

Tal parece que se aprendió la lección histórica de que los bienes públicos fundamentales deben ser blindados contra la acción de los políticos inescrupulosos de todo el espectro, a quienes solo les interesan los contratos, los puestos y la plata.

Por eso las autoridades encargadas de resolver el asunto de la administración del Gran Malecón se decidieron por un ente con autonomía relativa con respecto al Concejo y a la Alcaldía. Un formato de dirección que ha dado buenos resultados a nivel nacional e internacional.

La Empresa Puerta de Oro dependerá de los recursos públicos para procurar el mantenimiento y las mejoras futuras del Gran Malecón. Pero tendrá autonomía para gestionar recursos propios, mediante los medios que otorga la ley, entre los cuales está la entrega en concesión de algunos espacios, para vender comida u otros bienes de consumo.

De hecho, ya están funcionando pequeños vendedores estacionarios y algunas empresas familiares que ofrecen alimentos a los asistentes a la obra. Esas ventas deben ser organizadas de algún modo (para evitar el desorden y la invasión del espacio público) , y su funcionamiento debe reportar beneficios económicos que vayan al fondo de mantenimiento o sostenibilidad del propio Gran Malecón.

Lo mismo deberá ocurrir con todo lo demás que se derive de las actividades que dejen ganancias a los particulares, como el transporte turístico por el río que toque al Gran Malecón, o el comercio de alimentos y otros bienes, que se desarrollará a los largo de los más de cinco kilómetros.

Todo eso hay que dirigirlo y organizarlo de algún modo, buscando que no destruya la razón de ser primordial del conjunto, y que reporte beneficios reutilizables en el sostenimiento y mejoría de la obra. Lo que se pueda y se deba cobrar, pues hay que cobrarlo, pensando en los recursos necesarios para hacer parcialmente sostenible al Gran Malecón.

Pero es absurdo sostener, como arguye el meme que comentamos, que privatizarán el Gran Malecón al cobrar la entrada al mismo. Al público, que siempre ingresará a disfrutar la obra, nunca se le cobrará por estar disfrutando en ella.

A los privados que obtendrán beneficios económicos por trabajar allí, sí se les cobrará por concesiones o arriendos, por el uso de un bien público con el cual se lucran. Su participación dentro del proyecto no puede ser gratis, porque eso significa poner a disposición de los privados un bien realizado con la plata de todos.

El uso del Gran Malecón debe ser siempre gratis para la ciudadanía, que financió con sus impuestos ese sueño de las mayorías; pero no puede ser gratis para los pequeños comerciantes, o empresarios, que obtienen ganancias a su interior. Es lógico que estos paguen por la utilización de un sitio que pertenece al Estado y a todos.

Y también es lógico que el dinero recaudado de esa manera no pase a manos de los politiqueros corruptos, sino que ingrese a una empresa que los maneje con transparencia, y pensando siempre en el bien común, con toda la técnica y la sapiencia requeridas.

El Gran Malecón es y será un lugar gratuito para el disfrute colectivo, pero debe ser bien cuidado y mejorado. La fiscalización de la ciudadanía y de los entes de control es siempre beneficiosa, si lo que se busca es proteger y desarrollar un sitio de esparcimiento que dividirá en dos la historia de Barranquilla.

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