9:37 am. Viernes 07 de Septiembre de 2018
Opinión
9:37 am. Viernes 07 de Septiembre de 2018

Clasificación a dos mundiales seguidos, el reconocimiento internacional al fútbol colombiano, 43 partidos ganados, 18 empatados y solo 17 perdidos para un rendimiento del 73 por ciento, registro antes nunca logrado por entrenador alguno, dan el aval para calificar al argentino José  Néstor Pékerman como lo mejor que ha pasado por el balompié de nuestro país. Pékerman, además, dirigió en dos Copas América. En Chile 2015 quedó afuera en cuartos de final y en la Centenario 2016, en Estados Unidos, quedó de tercero.  

No importa las contradicciones de algunos pocos comentaristas y periodistas que intentaron siempre torpedear la labor del estratega y que hoy, tras la renuncia de no seguir al frente del fútbol, deben sentirse gozosos y complacidos.

Los numeritos desmentirán tales creencias de quienes estuvieron siempre contra la verdad y que nunca supieron justificar sus acervos críticos frente a las acertadas actuaciones del combinado tricolor dirigido por Pékerman.

El entrenador argentino llegó en el 2012 en momentos en que el seleccionado se debatía en medio de problemas internos y pálidas actuaciones en las eliminatorias con miras al Mundial de Brasil 2014. Leonel Álvarez y Julio Comesaña oficiaban como cabeza del cuerpo técnico de Colombia. El gaucho acudió al llamado de la Federación presidida entonces por Luis Bedoya y desde su inicio revivió la confianza tanto en directivos como en jugadores y la propia afición que clamaban por presencia en un torneo universal luego de tres fallidos intentos entre 2002, 2006 y 2010 cuando a los colombianos nos tocó ver “los toros desde las barreras”. Entonces se añoraban aquellas tres clasificaciones entre 1990 (Italia), 1994 (Estados Unidos) y 1998 (Francia) que bajo la orientación de Francisco Maturana y Hernán “Bolillo” Gómez nos dieron asistencia en el concierto mundial.

Fue mucho más allá de las dos clasificaciones. Fueron registros que marcaron historia en el fútbol nuestro. Como lo de Brasil 2014 donde se logró alcanzar a cuartos de finales, se logró el calificativo como uno de los mejores  fútbol del momento, con el goleador James Rodríguez que se llevó el trofeo además al mejor gol del certamen y la posición quinta de la selección, ubicación nunca antes alcanzada.

El nombre de Colombia se hizo repetitivo a todo nivel con los mejores calificativos y las mejores referencias de la crítica universal. Parte del éxito de la selección y del técnico la debió-según él mismo lo manifestó- al público de Barranquilla y a la ciudad calificada como la verdadera Casa de la Selección. “El fervor y entusiasmo de la hinchada de Barranquilla es incomparable. Cualquier técnico quisiera contar siempre con una afición como esta que nos anima y nos reconforta aún en los momentos difíciles”, expresó en reiteradas ocasiones.

Y, aunque muy disimuladamente, el hecho de ser escogida Barranquilla como sede de las eliminatorias, fue una de las argumentaciones de los detractores interioranos para desmeritar la tarea del estratega argentino. Uno de esos severos críticos con sentido contradictorios lo fue el periodista Carlos Antonio Vélez, quien bajo la creencia que le han hecho algunos de ser “La biblia en el fútbol” trata de disimular su marcada animadversión hacia todo lo que huela a Barranquilla aunque intente de cualquier manera de ocultar.

Con Pékerman el futbolista colombiano incrementó su cotización y las mejores ligas acrecentaron su interés por el jugador nuestro. En los seis años al frente consiguió lo que no se había podido en más de cincuenta de recorrido profesional. 

Fue un técnico considerado entre los mejores estrategas que se granjeó el cariño de sus pupilos y la simpatía de millones de colombianos que hubieran preferido seguir teniéndolo al frente del combinado tricolor. 

Si bien algunos consideraban que su Era terminó y que es recomendable dar paso a otros, no se puede negar que con Pékerman se obtuvieron éxitos en cada competencia. Y lo que es bueno no hay que desecharlo; por el contrario hay que conservarlo intentando ser cada vez mejor como seguramente él lo hubiera querido.

Pero nunca faltan los “enemigos gratuitos” que como él lo dijo, le hacen daño al fútbol y a las personas. “Se dijeron mentiras y calumnias”. “Me voy feliz y  muy agradecido con la Selección Colombia. Con esa camiseta tan hermosa, en cada gol que hacíamos yo decía que quería abrazar a cada uno de los colombianos”.

Con Pékerman, los futbolistas del equipo sintieron el honor y orgullo de portar la camiseta tricolor y pareció echarse a un lado aquel regionalismo idiota que otros entrenadores impusieron con anterioridad. La  unidad fue característica en el grupo, lo que resalta más la calidad humana de este técnico, que sobrepuso el interés y el fin común y no el interés particular.

Sin poder retroceder ya las decisiones tomadas, a la Federación no le queda otro camino que analizar bien profundamente y con mucho cuidado el camino a seguir. O mejor a  retomar, procurando acertar para seguir creciendo futbolísticamente a nivel internacional. Por ello, hay que acertar en la escogencia del nuevo entrenador del equipo, que deberá ser igual o mejor tanto en lo deportivo como en la calidad humana. Para que, como lo dijo el técnico argentino en su mensaje final a toda la hinchada, jugadores y al pueblo colombiano: “No nos quedemos conformes con lo que hemos hecho hasta ahora;  hay un camino duro por delante y hay que continuarlo”.

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