9:14 am. Lunes 10 de Abril de 2017
Opinión
9:14 am. Lunes 10 de Abril de 2017

“Al paganismo, aun vencido, se le detestaba; los cristianos son unos furiosos que no pueden olvidar; mientras que en nuestros días, todo el mundo ha perdonado al cristianismo”.

E. M. Ciorán. Los nuevos dioses.

 

Como filósofo de profesión, desde mi tía Ana, hasta Iusfilósofos, políticos connotados, periodistas, vecinos de mi barrio San José en Barranquilla y pastores de todas las divisiones religiosas, -siempre me preguntan, después de alguna intervención académica ¿cree usted en Dios? Les respondo: claro cómo no! En el Dios de los pobres- y cuál es ese? El Todo poderoso, - El que todo lo puede. El único. Pero en estos momentos, ese Dios no está con los pobres; luego, no tengo Dios. Porque al que le predican desde el vaticano para abajo, está en las bolsas de Londres y Nueva York y en todos los credos Cristianos que obligan a sus feligreses entregar la limosna, el diezmo o como se dice ahora en las iglesias de barrios: La siembra. Que de un momento a otro, esos pastores se enriquecen fácilmente y cambian de estrato social. Es por ese motivo que en las polémicas religiosas- filosóficas en los centros académicos, el argumento que se esgrime es que las dos iniciativas para tener dinero fácil de un momento a otro, es el narcotráfico y las iglesias de barrios de los falsos pastores cristianos. Y si es en los barrios más miserables es mejor, diezma más y el dinero rueda por doquier en los días domingos.

En los últimos tiempos esas pequeñas iglesias de casas de barrios populares se han politizado. Parece que el diablo; el político contemporáneo, los ha corrompido, y se han dejado engañar y engatusar por los políticos verdugos que han propiciado la violencia en nuestro país, como pudimos verlos actuando desde el pulpito como “cualquier político del día con la triste protesta estomacal de ávidas moscas”.

En la mayoría de nuestros barrios populares, existen diferentes credos religiosos y cada credo tiene su “única verdad”. Existen tantas verdades como credos. Algunos nuevos cristianos provenientes de grupos alzados en armas hablan de la “línea correcta del cristianismo”, como planteaba la izquierda castrista en los años 70 del siglo pasado. Van de casa en casa pidiendo hablar con los presentes con una Biblia en la mano recitando de memoria, versículos y pasajes del antiguo y nuevo testamento y lo trasladan con una facilidad, diciendo que todo eso se irá a repetir, si no entramos a su credo para buscar salvación. Los predicadores en su mayoría son casi analfabetas y no se salen del dogma. Se parecen a los seudo maoístas criollos de los años 70 a 80 del siglo pasado. Recitaban textos de Mao Tse Dong, Lennin, Trotsky, Stalin; sin contextos. Igual hacen nuestros aleluyas criollos, que no tienen ni idea del contexto de donde surgió su texto bíblico.

Recordemos qué, todo credo religioso en ficción. Imaginación, ellos, los que militan en el credo, parecen que su creencia en un ser superior o su Dios, ya no está en el cielo, sino, en la tierra. El credo se ha transformado de ser un credo escéptico- a no creer nada de la tierra, de lo que existe en el mundo real, ni en los hombres –solo en ese mundo de esperanza que no tiene asidero en la tierra sino en “el cielo que nos tienen prometido” de ahí que un “Dios que existe, no existe”. El credo cristiano es una religión que se anula a sí misma, en el sentido de que anula todos los dogmatismos. Por consiguiente “si Dios quiere una religión-no religión”. Pero es que somos tres o cuatro gatos, que realmente queremos no ser Dios”.

 

 

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