11:52 am. Lunes 17 de Abril de 2017
Opinión
11:52 am. Lunes 17 de Abril de 2017

En vacaciones la vida trabaja extra. Pareciera que, mientras nos ausentamos a nuestras cómodas –e ilusorias- esteras de despreocupación, el tejido de la realidad se tensa para mantener la cohesión social. Así, al retornar, no encontramos la sociedad hecha trizas, aunque sí la percibimos cansada.

La vida está cansada de descansar tras la pausa, los lugares comunes son ajenos, la rutina ya no es rutinaria, la vacuidad de las relaciones laborales se hace insoportable. “La vida es una buena obra de teatro con un tercer acto mal escrito”, yo imagino que el tercer acto serían unas largas vacaciones y que Truman Capote, al afirmarlo, ya no se sentía escritor ni periodista –o masoquista-, tras las tardes soleadas en alguna playa que le habría secado hasta el alma.

El descanso es una borrachera de significados, el lubricante del lubricante social, para relajarse relajado, pero, cuánto cuesta volver a tensarse. En la calle se respira una idea, un cierto deseo ¿que el descanso se prolongara?, más cruel sería el desengaño, como los amores largos que al final se escurren entre las manos, no, por favor.

Más bien no debería haber descanso, “todo o nada” parecen decir los niños que cargan sus maletas a la escuela arrastrando la cruz descolgada de la semana pasada. “Aparta de mí este cáliz”, murmuran los universitarios que se debaten en la lucha contra la almohada, puños en alto, manos embotadas por la maligna pausa.

Adultos con hijos y vidas serias, de esos que pagan impuestos y hasta trabajan, se han hecho más jóvenes. Tras las arrugas, se agita nervioso el pequeño que no quiere madrugar, recuerdan que crecer es pretender que no se añora la libertad de no saber a dónde carajo hay que ir,  ni tener a dónde llegar.

No más engaño pues, quemar las hamacas, convertir al Caribe en buró de trajes y corbatas. Después de todo, si el amor es corto, más corto es el descanso y el largo olvido es una bobería, hay que temer a la jornada laboral.

“Empezará la revolución, se abolirán las vacaciones y el mundo marchará libre de la modorra de dormir hasta tarde”, asegurarían los escritores, desencantados, innecesariamente existenciales, preferirían escribir sobre levantarse para poder seguir acostados…

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