11:05 am. Viernes 06 de Octubre de 2017
Opinión
11:05 am. Viernes 06 de Octubre de 2017

Bien se dice que  los errores se pagan. Fue lo que le sucedió a Colombia frente al Paraguay. No uno, sino una serie de errores que llevaron a la selección a perder lo que faltando solo dos minutos había ganado. Un revés  que nos devuelve de Rusia cuando los pasajes estaban seguros.

Colombia pagó caro sus errores y como también se dice popularmente, Paraguay cobró por ventanilla. Cobro en que varios fueron los responsables. No sabríamos en qué orden de responsabilidad colocar a los protagonistas de dichos errores. No sabemos si primero ubicar a la Federación Colombiana de Fútbol y sus directivos, al permitir el cambio de horario para un juego que, como los otros jugados en Barranquilla, debió efectuarse a las 3: 30 de la tarde y no a las 6 y media como se programó. No sabemos si colocar en segundo orden al cuerpo técnico encabezado por José Pékerman que se confundió o se deje confundir por sus asesores al efectuar cambios a destiempo y por jugadores que quizás no correspondían cuando se ganaba 1-0 y restaban solo dos minutos. O colocar en primer o segundo orden al arquero Ospina con su desacertada intervención en una salida equivocada sin tiempo ni distancia.

Lo que es cierto es que esas pifias nos dejaron al borde de la eliminación cuando las puertas estaban abiertas de par en par para ser el segundo equipo después de Brasil con cupos asegurado a Rusia 2018. Todos los otros resultados se dieron para que la tricolor con el triunfo, faltando dos minutos, sumara 29 puntos sin ninguno que pudiera arrebatarle la posición.

Esa tarde, la de este jueves, no fue el presagio ni amenaza de lluvia o tempestad la que nos “arrebató” un cupo seguro al mundial. Fueron los errores cometidos de antemano: haber aceptado o convenido el cambio de horario del partido. Los dueños de casa tienen la potestad de señalar los horarios y la sede. La única excepción, desde luego convenida y determinada de antemano sería la última fecha para que todos los equipos actuaran sin ventajas de conocer resultados. Pero en esta penúltima, entendemos que fue aceptada por la Federación Colombiana.

Claro que es factor importante jugar a las 3 y media de la tarde. Por el calor y la humedad. Por  la afectación del clima en los jugadores, entendiendo que deben ser mayormente afectados en agotamiento los visitantes.  ¿Acaso Bolivia no aprovecha su condición de altura a más de 5 mil metros? Si no lo creen, pregúntenle a Brasil, Argentina y todos los rivales de los bolivianos. Son contadísimas las veces y los equipos que en la altura de La Paz han logrado puntos.

Y casi al mismo nivel de responsabilidad de la Fedefútbol colocamos al técnico Pékerman. Un partido ganando 1-0 faltando dos minutos. No se necesita ser director técnico ni especialista en la materia para entender que en un partido tan cerrado y con mucho riesgo, la mínima diferencia había que defenderla con los dientes apretados. Igual los puntos son los mismos si la victoria es por uno o más goles. Entonces, ¿por qué sacar a Aguilar que le da fuerza al mediocampo para colocar a Barrios de similares características cuando se requiere es fortalecer más la defensa medular? ¿Por qué sacar a Cuadrado en momentos en que mejor desdibujaba la defensa paraguaya? ¿Por qué demorar en demasía la salida de Cardona? ¿Por qué no sacar a James Rodríguez que lucía perdido y sin aliento cuando ya el partido está por expirar?

He ahí, según nuestro entender, los errores que serían enmarcados inmediatamente por el arquero Ospina en una alocada salida a rechazar un balón que sus compañeros de defensa parecían tener controlado.

Esa tarde noche la decepción fue casi total. Digo casi, porque a pesar de todo pude escuchar en las calles que Colombia aún está viva, que tiene vivas las esperanzas y que en el último juego ante Perú podrá clasificar. Hay quienes incluso con estadísticas a mano aseguraron que aún perdiendo por un gol de diferencia se podía llegar al repechaje. No quisiera ser pesimista, todavía guardo un hálito de fe en esa posible clasificación. Pero tampoco podemos desconocer que las esperanzas  están en apenas un bajísimo porcentaje.

Colombia tuvo todo para llegar a Rusia; y en cambio, con esa increíble derrota en casa, reversó el camino, revivió a todos los rivales que se pelean los otros cuatro cupos (incluyendo el repechaje). Dios proveerá, dicen los creyentes. Y aunque aguardamos un poco de optimismo, sabemos que no será nada fácil conseguir en casa ajena lo que perdimos en la nuestra.

 

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