7:31 am. Viernes 14 de Abril de 2017
Opinión
7:31 am. Viernes 14 de Abril de 2017

Tal como “La Múcura” de Crescencio Salcedo,  la que nadie pudo cargar, así el Junior 2016-2017 nadie ha podido levantarla del suelo a pesar de los tantos directores técnicos que le han desfilado. La carga ha sido demasiado pesada. El único que hubiera podido levantarla (Alexis Mendoza) no lo dejaron transportarla.

Giovanni Hernández acudió al llamado de salvador que de manera prematura y equivocada hicieron los directivos del club. Fue demasiado para este joven e inexperto director técnico que naufragó en la aguas turbulentas en las que navegaba el equipo. Alberto Gamero acudió también al llamado urgente de auxilio en medio del naufragio. Pero  igual que Giovanni tampoco pudo con  la barca, que siguió hundiéndose, porque como la múcura, con  su peso, ni llevada a la cabeza, ni a la cintura, nadie pudo con ella.

Me la llevo a la cintura y tampoco puedo con ella/

Y es que no puedo con ella/ mamá no puedo con ella/

Entonces surgió un nombre, un “salvador” un “bombero  apaga fuego” por todos conocidos y por todos descalificado: Julio Comesaña. Llegaba por séptima vez para ponerse al frente de una manada desbocada y en la cual el uruguayo una sola vez había salido  airoso (1993). Conocedor como el que más del terreno que pisaba y en el cual estaban depositadas las esperanzas, el uruguayo llamado ahora “Julio Séptimo” tampoco hasta el momento ha sido capaz de domar al potro salvaje llamado Junior.

Muchacha si tú no puedes con la múcura de barro/

Entonces llama a San Pedro pa que te ayude a cargarla/

Pero nada. El “bombero apaga fuego” tampoco parece ser capaz de sofocar el incendio provocado por los irresponsables que como en la Isla de Salamanca, cada vez parecen dispuestos a intensificar mucho más las llamas sofocantes para ahogar los últimos suspiros de aire que tiene la hinchada.

Muchacha quien te rompió la mucurita de barro/

Fue Pedro que la rompió pa que me hiciste llamarlo/

Y es que no puedo con ella/

Mamá no puedo con ella…

La barca sigue hundiéndose más y más y seguramente se terminará rompiéndose  por el peso de sus ocupantes. Y terminará hecha pedazos en el piso como la Múcura de barro de Crescencio Salcedo. No es la primera vez que Junior cae tan bajo. Desde su reaparición en 1966 recordamos aquella primera crisis de 1971 cuando terminó la temporada jugando con la reserva. Estuvo a punto de desaparecer. Por suerte apareció en 1972 el “San Pedro Salvador”, precisamente Fuad Char Abdala el actual mayor accionista o dueño del club. Su aporte fue de tal magnitud que no solo el equipo llegó a la temporada del 72 sino que además se reforzó de la mejor forma con la contratación de los brasileros Leonardo Caldeira, Chiquinho y el astro e ídolo de los barranquilleros Víctor Ephanor.

En el 2008 Junior estuvo a punto de descender a la B. Apareció entonces el “bombero apaga fuego” Julio Comesaña, quien no solo evitó la caída a la segunda división, sino que dejó clasificado al club entre los ocho mejores.

Antes en 1997 Junior también estuvo en crisis por el bajísimo rendimiento de los jugadores. El peruano Julio César Uribe estuvo al frente,  del equipo. Uribe dijo en su carta de renuncia: “Mi ambición era dirigir un equipo competitivo con aspiraciones de ser campeón. Pero hemos estado jugando con un plantel de 15 juveniles y así no se gana un título”.

También señaló que una nómina de lujo es la que tienen Nacional y Deportivo Cali. En Junior se requieren once jugadores  de alta producción y  cinco más que  sean tan buenos como los titulares. Eso no existió en Junior, comenzando porque los extranjeros no marcaron diferencia”.

Lo curioso de aquel momento es que dada la situación alarmante del plantel, sus directivos encabezados por el presidente Pedro Salzedo Salom también renunciaron de sus cargos en un intento de cambio para ver si se podía evitar caer más bajo.

Recuerdo que Pedro Salzedo públicamente reconoció que “la situación obedece a la sumatoria  de muchos aspectos, pero sostengo que lo más importante es la falta de jerarquía. Tal vez la intención de cuidar el patrimonio del club sea una política sana, pero es bueno saber hasta dónde  es bueno consentir a los jugadores”.

También decía Salzedo Salom que “debemos preguntarnos qué quiere la afición. No hay una actitud positiva de los jugadores hacia los hinchas y hacia la prensa. Hay que adoptar decisiones trascendentales porque nuestras “estrellas” han alejado  al público, hastiados que estas no sean verdaderos profesionales. En Junior las estrellas se volvieron intocables”.

No solo renunció el técnico Julio César Uribe y sus colaboradores, sino también los directivos Pedro Salzedo, Ramón Jesurún, Antonio Char, Pedro Echeverri y Carlos Daniel Abello.

¡Qué bella lección de honestidad y responsabilidad dio el técnico Uribe! que prefirió dar un paso al costado denunciando la poca o nula competividad del plantel. Y qué lección también de los directivos que reconocieron  el fracaso del club, quizás por las mismas razones del peruano.  Qué distinto a lo que ha pasado en Junior en los dos últimos años donde solo uno, Alexis Mendoza fue capaz de decir verdades que otros quieren seguir ocultando.  En esta ocasión Junior ha caído tan bajo que como en la canción de Crescencio Salcedo, se nos hace casi creíble que La múcura no solo es tan pesada que nadie puede con ella y si no se apuran terminará haciéndose añicos.

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