6:22 pm. Domingo 10 de Septiembre de 2017
Opinión
6:22 pm. Domingo 10 de Septiembre de 2017

El cristianismo primitivo surgió como una respuesta a la iniquidad y a la opresión. Su mensaje iba dirigido contra los poderosos, que discriminan y pordebajean a los demás debido a su posición social. Ese cristianismo funcionó como una religión de los esclavos que, en el fondo, representaba un gran riesgo hasta que fue cooptado por el poder estatal.

La visión de Cristo, expresada a través de la Biblia por sus discípulos, es una continuación de ese cristianismo original que asumió como opción la defensa de los pobres y la lucha contra la discriminación. Pero el mensaje de Jesús va mucho más lejos, pues representa una manera de ver y vivir con sencillez, sin ostentación, y sin plegarse a los intereses creados de la vida terrenal.

La actitud y la palabra del Papa Francisco son coherentes con ese humanismo cristiano que rescata lo mejor de la doctrina para mejorar la calidad de la convivencia. Lo que ha hecho el Papa en su visita al país es recordarnos la esencia del mejor cristianismo, de aquel que parece haber sido olvidado por algunos jerarcas muy apegados a los poderes terrenales.

Ese cristianismo que enfatiza el amor, la justicia, el perdón, la paz y la reconciliación, pero no como simples palabras sin sentido, sino como el fundamento de una práctica social destinada a cambiar un estado de cosas que empuja a la catástrofe. ¿Qué otra cosa se podía expresar para ser coherente con lo mejor de la doctrina cristiana, que debe ser entendida, también, como una forma de vivir?

Este es un Papa claramente lanzado contra la corrupción en sus propias filas y contra la miseria, la pobreza y la inequidad que afligen al mundo. Es un líder que pugna por la paz y que detesta la guerra, como debe ser de acuerdo con las mejores tradiciones de su iglesia. ¿Era coherente que viniera a Colombia a predicar a favor del enfrentamiento entre colombianos, como algunos aún lo desean?

Su mensaje a favor de las víctimas, de los desvalidos y necesitados y en contra de la muerte está perfectamente sintonizado con lo más humano de su tradición religiosa. No podía ser de otro modo si se quería romper con el síndrome de la guerra, para apostarle a la consolidación de la paz. ¿Es humano y cristiano llegar a un país que aún convalece de un conflicto armado degradado a predicar el odio?

Francisco es un Papa coherente con lo mejor de la doctrina cristiana no solo en lo teológico sino en lo práctico. Su presencia transmite a los fieles una gran sencillez y una apuesta por la humildad divorciada de cualquier falsedad. Su amor no es el amor teórico de algunos jerarcas, sino el amor que nace del corazón, del sentimiento, y que llega a lo más profundo de la sensibilidad de los creyentes.

Por eso crea con sus seguidores una conexión que está más allá de las creencias y de la fe, una conexión humana, afectiva, que es similar a la construida en la experiencia histórica de Cristo. Francisco, en consecuencia, no solo predica a favor del amor sino que encarna lo mejor del amor.

Qué efectos tendrán sus palabras en un país lacerado por el odio es algo que está por verse. En Colombia la injusticia, la discriminación y las secuelas de una guerra larga y despiadada alimentan el odio y el conflicto. ¿Serán más fuertes las palabras de este pastor que la división nutrida por los intereses creados y por quienes no quieren pasar la página de la muerte?

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