11:05 am. Jueves 06 de Septiembre de 2018
Opinión
11:05 am. Jueves 06 de Septiembre de 2018

En la actualidad, Colombia extrae petróleo de manera convencional, es decir, a través de perforaciones en los yacimientos en donde se encuentra almacenado en formaciones rocosas que tienen poros o grietas las cuales dejan fluir, por presión, el mineral desde esos orificios hacia la superficie del pozo. Pero, cuando la roca que contiene el «oro negro» es sólida y compacta es más difícil para la industria petrolera su extracción. De modo que, para explotar esos inmensos yacimientos se ideó un moderno método alternativo denominado fractura hidráulica, o «fracking», como es mejor conocido, el cual es un método de extracción de petróleo y gas atrapado en esquistos y otras formaciones rocosas; que consiste en bombear grandes cantidades de agua a alta presión con el fin de romper la roca madre de la tierra a través de una mezcla de arena y productos químicos. Esta combinación de «fluidos de estimulación» fractura la roca y libera el gas o el petróleo atrapados en ella. El agujero perforado para un pozo puede tener el tamaño de una tapa de alcantarilla y podría llegar hasta una profundidad entre uno y tres kilómetros. La arena que se utiliza en este procedimiento sirve para mantener abiertas las fracturas en la roca, mientras que los productos químicos tienen la finalidad de lubricar la tubería para combatir la fricción.

El fracking ha transformado el panorama energético de los Estados Unidos, y, ha convertido a ese país en un exportador neto de petróleo después de que su producción disminuyera en las últimas tres décadas del siglo XX. La versión moderna del fracking alcanzó la mayoría de edad a finales de la década de 1990, cuando se desbloquearon las reservas de petróleo y gas en más de 20 estados de la Unión. Como resultado, la producción de petróleo en el país del norte ha aumentado más rápido que en cualquier otro momento de su historia llegando a producir cerca de 13 millones de barriles diarios. En la actualidad, la mitad del crudo estadounidense proviene del fracking.

Cosa distinta ocurre en Colombia en donde las reservas de petróleo extraídos de forma convencional en los pozos de Caño Limón, Chuchupa, Cusiana y Cupiagua se están agotando. De modo que, el combustible que agita la economía y provee en gran parte a las arcas del Estado está en vías de extinción. Las reservas actuales de crudo, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos, alcanzarán para seis años más y, a partir de entonces, Colombia pasará de ser productor a importador. Esta situación tiene a la entrante ministra de Minas y Energía del gobierno Duque en una búsqueda frenética por aumentar esa cifra, aun cuando la caída de los precios del barril ha hecho caer la exploración y la producción.

Sin embargo, no todo es color de rosa para esta novedosa técnica. En la actualidad, países como Francia, Alemania, Escocia, Irlanda, Bulgaria, algunos estados de Estados Unidos, Nueva Zelanda, Escocia, República Sudafricana, República Checa, España, Suiza, Italia e Inglaterra controvierten el fracking, por sus potenciales daños al medio ambiente y a la salud humana debido al grave riesgo de contaminación del agua y el aire, como también, del incremento de la actividad sísmica. La contaminación del agua ha sido una de las mayores preocupaciones ambientales y en donde se han producido algunos de los incidentes más graves. Un estudio realizado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos concluyó en 2016 que, en algunos casos, el fracking había perjudicado el suministro de agua potable como resultado de la gran exposición a productos químicos tóxicos debido a la utilización de hasta 600 sustancias químicas en dicho proceso, los cuales incluyeron carcinógenos y toxinas tales como plomo, uranio, radio, metanol, formaldehído, ácido clorhídrico, mercurio y etilenglicol. Aunado a lo anterior, en el fracturamiento son utilizados aproximadamente 40,000 galones de químicos los cuales liberan gas metano, entre otros productos químicos tóxicos, los cuales se filtran durante el proceso degradando los cuerpos de agua subterránea cercanos. Además, las concentraciones de metano son 17 veces mayores en los pozos de agua potable cerca de los sitios de fracturamiento que en los pozos normales.

De igual manera, existe una gran variedad de problemas de salud asociados con el fracking, entre los que se cuentan, los problemas respiratorios tales como, tos y dificultad respiratoria que afectan directamente a los residentes que viven cerca de los pozos fracturados. Del mismo modo, la mezcla de desechos tóxicos y productos químicos, a menudo almacenados en fosas abiertas, liberan compuestos orgánicos volátiles. Así mismo, las bombas de diésel utilizadas para inyectar el agua liberan sustancias químicas y partículas nocivas productoras de asma leve, moderada y severa que estudios epidemiológicos asocian significativamente con el fracking.

Durante el embarazo, los productos químicos contenidos en aguas superficiales cerca de sitios de eliminación de aguas residuales; alteran el sistema endocrino produciendo daños a los fetos en desarrollo, incluso estando presentes en concentraciones muy bajas. Un estudio de Hopkins & Geisinger, en los Estados Unidos, analizó los registros de casi 12,000 mujeres que vivían cerca de sitios de fracking y encontró la existencia de un 40% más de probabilidad de tener un bebé prematuro, como también, el incremento en un 30% de embarazos de alto riesgo. Los factores que contribuyeron a la anterior situación incluyeron la contaminación del aire y el agua, como también, al estrés causado por el ruido y el tráfico.

Otros estudios han encontrado que el ruido propio de la perforación, de los compresores de gas, de otros equipos pesados utilizados durante el proceso ​​y del tráfico de camiones son lo suficientemente alto como para perturbar el sueño, causar estrés y aumentar la presión arterial. Además, la exposición a largo plazo a la contaminación acústica contribuye también a la presentación de enfermedades cardíacas, estrés y depresión.

Otra de las preocupaciones son los sismos causados ​​por la fracturación hidráulica. Si bien los dos terremotos ocurridos en 2011 en el Reino Unido se clasificaron como menores en la escala de Richter, los ocurridos en Oklahoma entre 2008 y 2013 aumentaron 40 veces con respecto al periodo 1976-2007. Otras preocupaciones locales enumeradas por los críticos de fracking incluyen la industrialización de las áreas rurales, el ruido de los camiones y el impacto de la contaminación del aire por quema de antorchas, cuando se quema el exceso de gas. Sin embargo, el problema general, por supuesto, es el cambio climático.

En Latinoamérica, Colombia y Argentina, le apuntan a esta nueva práctica. Sin embargo, organizaciones ambientalistas son muy escépticas debido a la falta de regulación y supervisión rigurosas y estrictas las cuales pueden potenciar en gran medida los efectos negativos, que es lo que se ha visto en la práctica. Basta con observar lo ocurrido en Argentina en 2010, cuando la multinacional petrolera británica (BP) al término de un proyecto de fractura hidráulica en uno de los pozos en ese país dio lugar a innumerables violaciones de los derechos humanos, como también, consecuencias negativas para el medio ambiente y a los derechos a la tierra de los pueblos indígenas. A pesar de lo anterior, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, reveló un plan de desarrollo en «Vaca Muerta», el segundo yacimiento de gas de esquisto más grande del mundo. Las asociaciones ambientalistas a nivel mundial se preparan desde ya para detener las graves amenazas a los derechos humanos al igual que la devastación ambiental que conllevará este gran proyecto.

En la actualidad, en nuestro país no hay fracking. Sin embargo, muy a pesar de conocer los anteriores precedentes existen hoy doce contratos de exploración para fracking en yacimientos no convencionales ubicados en Boyacá, Tolima, Santander, Cesar, Antioquia y Cundinamarca. En virtud de lo anterior, hoy, no existen solicitudes en curso para exploraciones de fracking debido a que el proyecto más avanzado, ubicado en San Martín (Cesar) a cargo de la multinacional ConocoPhillips Company, se encuentra paralizado debido a que sus habitantes han impedido terminar el proceso de socialización requerido antes de solicitar la licencia ambiental. No obstante, la actual ministra de Minas de Minas y Energía del gobierno Duque quiere convencer a los sanmartinenses, y a todo el país, de que se pueden aprovechar los beneficios del fracking sin sufrir los potenciales efectos nocivos para la salud y el ecosistema, argumentando que los recursos petroleros que se obtengan serán necesarios para el financiamiento de la inversión social y el posconflicto, mientras que los riesgos pueden manejarse con una rigurosa reglamentación, como también, de un estricto control ambiental. ¡Amanecerá y veremos!

 

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