3:27 pm. Miércoles 17 de Mayo de 2017
Opinión
3:27 pm. Miércoles 17 de Mayo de 2017

En esta oportunidad, mi columna periodística ofrece el espacio para publicar textos con temas  interesantes, reflexivos, redactados en clase y a quienes se  les estimula publicándoles.  Estimado lector a su disposición un nuevo  texto:

¿Quién es el culpable?

Laura María Aguilar Lara

(Primer Semestre. Universidad del Magdalena)

Los sueños, las esperanzas, las motivaciones son las que le dan un sentido a la vida del hombre. El querer enfrentarlas nos hace atrevernos a soñar. Pero, con el pasar el tiempo esto parece cambiar, ¿Por qué? ¿Quién es el culpable?

Se puede definir el concepto de “hombre” como un ser racional capaz de cuestionarse sobre su existencia consciente y hábil para tomar decisiones; cumple con un ciclo de vida que se traduce en tres fases: nacer, reproducirse y morir.

Considerando que la vida de un ser humano va mucho más allá de cumplir con un ciclo y que el proceso de reproducción no solo se da en el ámbito sexual, sino que los pensamientos y las ideas también lo hacen, mucho más, en la época a la que todos quisiéramos volver: la niñez, donde nada parecía imposible. Sin embargo, al crecer vamos adquiriendo nuevos conocimientos que también nos enriquecen pero que de una manera u otra aniquilan la habilidad de encontrar una solución y un porqué a través de la imaginación.

Dado que estamos en constante avance y en una desbordada competencia, en todos los ámbitos que pueda abarcar nuestra vida en el siglo XXI, ha sido un detonante más que influye en la esclavitud mental que experimentamos, la rutina se nos ha llevado el tiempo, de paso, la vida. ¡Es que ya no hay tiempo para soñar!

Para ilustrar mejor solo basta con mirar los callejones, las aceras de las calles, rostros tristes con ilusiones encerradas en las paredes de sus mentes porque alguna vez les dijeron que no se podía, que era imposible, que no debía. Pero ¿y si le ponemos el reto a un niño de bajar una estrella? Seguramente no tardará en responder con una estrategia para hacerlo, por muy alocado que sea.

Conviene subrayar que hay excepciones, que existen personas que aún tiene su espíritu de niño muy vivo y que no permiten que sus sueños sean arrebatados por factores como, en primer lugar, la familia; en segundo plano, la sociedad; por último, la educación.

Muchos agentes pueden incidir en debilitar nuestra capacidad de soñar, pero al analizar minuciosamente se ve una en común: El hombre.

 

 

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