9:22 am. Domingo 09 de Septiembre de 2018
Opinión
9:22 am. Domingo 09 de Septiembre de 2018

Jarlan Barrera es uno de los jugadores más talentosos con que cuenta el Junior y el fútbol colombiano. Gracias a sus habilidades, este futbolista dio el paso de las selecciones nacionales menores a uno de los equipos más importantes del país, como es el Junior.

Todos veían a Jarlan con mucha esperanza, como un recambio importante para la selección Colombia de mayores, y como la futura estrella de la escuadra tiburona. Pero ese deseo de su hinchada siempre se aplazó, a pesar de que, bajo el Comesaña anterior al último Alexis Mendoza, Barrera parecía tener a la afición en el bolsillo.

Quizás aún faltaba que se alinearan de nuevo los astros para que Jarlan empezara a demostrar, otra vez, todo de lo que es capaz. A lo mejor era necesario que él definiera bien sus prioridades personales, y que se dejara rodear del círculo virtuoso que lo apalanque hacia arriba.

Si Jarlan aspira a transformarse en el crac del medio campo que Junior necesita, debe convencerse que lo puede lograr. La inseguridad ha sido su principal enemigo, pues entregaba la impresión de no creer que podía dar muchísimo más de lo que hasta ahora ha dado.

La familia y el fútbol tal vez sean lo más importante en la vida de Jarlan. Todo lo demás es un aditivo que se anexa a ese eje. Por lo tanto, su énfasis debe estar en conseguir una preparación física y psicológica adecuada para convertirse en un profesional de primera línea, capaz de soportar los innumerables retos que le impone su deporte.

En Europa, algunos futbolistas cuentan con la asesoría de expertos que los ayudan a fortalecer en todos los ámbitos, más allá de la colaboración que ofrecen los cuerpos técnicos o las propias instituciones.

Un caso emblemático en este sentido es el del egipcio Mohamed Salah, quien ha mejorado como persona y como deportista gracias a un asistente especializado colombiano, para más señas.

Tal parece que Jarlan cuenta, en su entorno familiar y en el propio Junior, con las personas que lo podrían ayudar a convertir en una estrella. El Pibe (su tío, un campeón en clase y con mucha testosterona para jugar) tal vez sea muy decisivo en esa materia; ya empezó dándole una mano al muchacho en su reciente pleito con las directivas del equipo, y quizás sea la figura determinante en el probable renacimiento del deportista.

Comesaña conoce bien a Barrera, y sabe de lo que sería capaz si se decide a ser lo que debe ser: una estrella como otras que adornan la historia juniorista. El preparador físico también está empeñado en sacar lo mejor de Jarlan, para beneficio de él y del onceno.

Es decir, el círculo virtuoso parece estar completo a favor del renacimiento del jugador. Ahora él debe agregar su parte, que es la más importante. Ya no puede mostrarse tan apático y sin compromiso como a veces lucía, sino trabajar bajo la convicción de que es un líder del medio campo, un futbolista fundamental para mejorar el tono futbolístico de la escuadra.

Más allá de que haya partidos malos, regulares o buenos, Jarlan Barrera nunca debe perder su perfil de cacique, de un jugador esencial, por su juego o por sus goles. Esto fue lo que le vimos en su reciente aparición en el Romelio, eso es lo que le hemos visto en otras ocasiones, y esa debe ser la actitud que defina su regularidad.

El Jarlan pecho frío que no despegó con Alexis Mendoza debe quedar para siempre en el pasado. Esto no es un objetivo inalcanzable, pues a ese joven le sobran condiciones futbolísticas, y da la impresión de que los astros empiezan a alineársele, para que se convierta en el astro que el Junior requiere.

En buena hora surge el renacimiento de Jarlan Barrera, un jugador con mucho presente y con un gran futuro…si él lo desea así.

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