9:35 am. Jueves 12 de Octubre de 2017
Opinión
9:35 am. Jueves 12 de Octubre de 2017

La fe se mantuvo siempre intacta. Esa fue quizás la clave más importante para la clasificación al Mundial de Rusia 2018. La más importante -decimos- porque fue a partir de allí donde se cocinó el partido final frente a Perú después de la dura y penosa derrota ante Paraguay.

Lo dijo el técnico José Pékerman, lo dijeron los jugadores quienes después de salir cabizbajo cinco días atrás, pudieron levantar  la cabeza y jugar como lo hicieron ante Perú: con “huevos grandes” como lo dijo James Rodríguez uno de los más criticados por su actuación frente a los paraguayos y sometido a agrios comentarios que, no estuvieron en su momento, alejados de lo que realmente mostró aquella tarde en el Estadio Roberto Meléndez.

Sí, ante los “incas” había que jugar no solo ajustado a las tácticas y disposición futbolística. Era importantísimo colocar la mística ovalada y eso se da con disposición anímica, con lucha en todo momento y en cada espacio como sucedió este martes en territorio peruano. Por eso, vimos a James corriendo y defendiendo, a Cuadrado sin respiro y al propio Falcao disputando el balón arriba y abajo. Por eso la defensa estuvo bien  despierta y por eso el cuerpo técnico estuvo atento a cada jugada y a cada situación de riesgo.

Pero sin duda que, también fue factor preponderante el aliento de una afición como la de Barranquilla que no dejó caer el espíritu y el optimismo, que se volcó en la puerta del hotel de concentración, que avivó el paso hasta el aeropuerto en su viaje a Lima y que en todo momento hizo sentir la voz del Sí se puede, si se puede…

La clasificación colombiana, una victoria más en la historia, nos sitúa a los barranquilleros como la hinchada más enjundiosa del país, y a nuestra ciudad como la verdadera sede, Casa de la Selección, que no debería cambiarse nunca.  Seis clasificaciones a torneos Mundiales, cinco de ellas logradas en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, segunda consecutiva luego de aquellas tres, también en forma seguida en los años 90 (Italia), 94 (Estados Unidos) y 98 (Francia), son la garantía para decirle al seleccionado patrio “Barrnquilla es tu ciudad”

La derrota ante Paraguay fue, si se quiere, una dura lección, afortunadamente aprendida de lo que no se debe hacer: la soberbia, la displicencia y la falta de carácter en momentos cruciales, creyendo que ya teníamos todo asegurado, nos llevó a una inesperada, pero aleccionadora caída cuando solo restaban dos minutos para tener asegurada de antemano el cupo a Rusia 2018.

Lo del martes en Lima, fue la otra cara de la moneda; fue la disposición anímica de todo el plantel, el entendimiento para buscar como equipo un resultado positivo y no un lucimiento personal. Esto nos hizo recodar frases de Francisco Maturana cuando estaba al frente del combinado colombiano: “un gol, salva a un jugador,  un pase gol salva a todo un equipo”. Fue eso lo que le faltó entender a Fabra y Arias ante Paraguay cuando prefirieron ser ellos los protagonistas negando balones a compañeros mejor ubicados.

Hubiera resultado triste la eliminación a Rusia 2018  luego de una etapa eliminatoria de casi tres años. Porque Colombia, aunque dejó escapar puntos valiosos de local frente a Argentina y Paraguay (sendas derrotas) y ante (Uruguay, Chile y Brasil (empates), cosechó puntos de visitante frente a Ecuador, Bolivia, Paraguay, Venezuela, Chile y Perú, que le valieron una sumatoria total de 27 puntos, asegurando de manera directa el cupo a la próxima cita.

Es una nueva página que se escribe en el nuevo capítulo de su sexta presencia mundialista.  Confiando en poder superar lo conseguido en el 2014 en Brasil cuando se cosecharon varios éxitos. Y es, sin duda también, una victoria más para el técnico José Pékerman que acumula su tercera clasificación mundialista; una con Argentina y las dos últimas al frente del seleccionado colombiano.

Pero igualmente es una razón más para seguir creyendo que Barranquilla debe mantenerse como   la sede del equipo. Aquí se han cosechado cinco de las seis clasificaciones mundialistas. Lo que avala a la ciudad como la mejor para pretender éxitos de alto nivel. Los detractores y pretendientes comentaristas, mayoritariamente interioranos, no podrán desconocer que aquí la selección recibe todo lo que en todas otras plazas no encuentran. El arropamiento y la calidad humana reconocida internacionalmente de Barranquilla nos colocan en lo más alto del pedestal para seguir ostentando con orgullo el calificativo de “Casa de la Selección”.

Falta saber cómo seguirá escribiéndose la historia. Rusia 2018 nos lo dirá en menos de un año. Por lo pronto este capítulo eliminatorio se acaba de escribir quizás, con más dramatismo que los anteriores, pero escrito está y nada podrá cambiarlo. Al menos no por ahora. Por ello, haciendo alusión al título de la canción del Joe Arroyo, podemos decir ¡en Barranquilla me quedo!

  

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