11:03 am. Viernes 16 de Noviembre de 2018
Opinión
11:03 am. Viernes 16 de Noviembre de 2018

Muy niños estábamos entonces, cuando comenzamos a ser testigos presenciales de aquel fútbol, de nuestra divisa rojiblanca de vuelta al concierto profesional colombiano después de 12 años de ausencia. Era el año 1966  y el club juniorista regresaba a la carga competitiva en medio de una expectativa y entusiasmo incalculables.

Nuestro primer recuerdo de un enfrentamiento entre dos equipos de Barranquilla y Santa Marta había sido previamente meses antes, en 1965, cuando Unión se constituía en el único representante de la Costa Caribe y Junior preparaba su escuadra para ingresar o mejor regresar a las toldas de la Dimayor.

En una noche de finales del 65 los “Bananeros” fueron invitados a jugar en el Romelio Martínez frente al equipo rojiblanco. Unión trajo su equipo titular, entre quienes recuerdo al crack brasilero Waldir Cardozo Lebrego, mejor conocido como Quarentinha.  El coliseo de la 72 mostró esa noche lo insuficiente que sería para albergar tanta gente, especialmente para encuentros de esta naturaleza a los que se le comenzó a llamar entonces ”Clásico de la Costa”.

Una falta aproximada a las 45 yardas un poco hacia la izquierda del arco que da a la Avenida Olaya Herrera. Era la gran oportunidad de ver la calidad y capacidad de Quarentinha cuya fama era reconocida más allá de las fronteras colombianas. El, que había formado parte de la selección del Brasil y que había compartido con Pelé, Garrincha, Zagalo, formaba ahora parte del equipo samario. Sus tiros libres en espacios cercanos a las 45 yardas eran tan perfectos que por ello se le conocía como “Quarentinha”.  El brasilero colocó el balón en el punto señalado por el árbitro,  se retiró un poco hacia atrás,  besó el Cristo que pendía de una cadena brillante en su cuello, se guardó la prenda en su camiseta y se desplazó en media carrera hacia el balón; su disparo, con pie izquierdo, tomó vuelo, describió una centelleante curva y se fue veloz por el ángulo superior derecho. Cuando el arquero Salvador Tarud se estiró para evitar el gol, ya el balón regresaba tras golpear las redes rojiblancas.

Fue aquella la primera gran muestra de lo que resultarían los clásicos de la Costa que a partir del año 66 se vivieron por largos años en los estadios Romelio Martínez y Eduardo Santos. Sí, esos mismos clásicos que hace 13 años no se volvieron a vivir por el descenso del cuadro samario. El regreso de este club  emblemático costeño fue largamente esperado también por la afición barranquillera tanto como la samaria.

Volverán a vivirse aquellas tardes gloriosas y pletóricas de sol y lluvia. Una fiesta que arrancaba bien temprano bajo tremendo canicular desde la once de la mañana y hasta la 3 de la tarde cuando se desgajaba el cielo con torrencial aguacero sin perjuicio de aplazamiento del juego y, por el contrario, adornado de  filigranas y poesía futbolísticas de samarios y barranquilleros. Nombres de la escuela de la samba como Odacir, Luis Carlos Franca, Quarentinha, Edson Pinto, Luis Carlos Cunha, Jailton Dos Santos, Pipico y tantos otros, en los samarios, se entrelazaban con los Dacunha, Airton, Dida, Escourinho y Othón Valentin, en el Junior, llenos de malabares y acrobacias dibujadas en la cancha del Romelio en medio de delirio indescriptible de la hinchada.

Por fortuna, “No hay mal que dure cien años... tampoco “cuerpo costeño que lo resista..” 

Es cierto que existen los clásicos paisas, los bogotanos, cafeteros, caleños etc. Pero no con el revestimiento emotivo que siempre ha distinguido los clásicos costeños. Por todo ello, el público de la Costa Caribe celebra el regreso a competencia de los “Bananeros”. Y ojalá que sea por siempre, como por siempre confiamos en que nuestro Junior permanezca en la primera división. 

No estarán ya los grandes ases brasileros que nos hicieron vibrar con tantas maravillas y dibujos artísticos del balón como aquellos nombrados antes, pero estarán otros, colombianos y extranjeros que en cada escuadra querrán brindar el grandioso espectáculo a las tribunas. El 2019 nos promete, creemos nosotros, regresar a las pletóricas tardes del fútbol que históricamente nos han brindado Junior y Unión Magdalena.

Bienvenido Unión...Bienvenidos los Clásicos de la Costa, el verdadero Clásico del fútbol colombiano..!

Comentarios