10:41 am. Viernes 10 de Agosto de 2018
Opinión
10:41 am. Viernes 10 de Agosto de 2018

No sería  suficiente cualquier calificativo, creo yo que pudiera darse como se ha venido dando para ponderar a Barranquilla por el  exitoso desarrollo  de los Juegos Centroamericanos y del Caribe que en su versión XXIII acaba de culminar en nuestra ciudad.

De extraordinario, han dicho muchos; espectacular, grandioso y hasta de ser los mejores juegos de la historia han calificado muchos otros el certamen que en 15 días mostró a nuestra ciudad al mundo. Barranquilla fue una gran ventana abierta internacionalmente y de ello dan fe propios y extraños. Hasta la prensa europea se ocupó, como pocas veces,  de este evento considerado entre los mejores del área Centroamericana y más allá del Caribe.

“Medalla de Oro” para la ciudad sede de estas justas en las que más de 5 mil atletas de 37 naciones compitieron gallarda y heroicamente en busca de los sitiales de honor. Oro, plata y bronce repartidas entre tantos deportistas marcaron derroteros en los competidores en sus mejores esfuerzos por colocar cada nombre de su país en lo mejor posible.

Así mismo, nuestra ciudad, la Puerta de Oro de Colombia, calificativo otorgado merecidamente por el entonces Presidente Mariano Ospina Pérez en 1946, quedó ratificada y nuevamente patentada por los organizadores del certamen, por quienes participaron activamente y por otros tantos que tras bambalina también aportaron. Nos referimos entre otros a quienes laboraron en logística, asistencia y voluntariado. Ellos todos fueron fundamentales para que el Juego y Limpio pregonado por el padre del Olimpismo Pierre De Coubertain se pusiera a toda prueba en estos Juegos.

En materia de resultados, contrario a lo que algunos esperaban, Colombia cumplió a cabalidad. Si no de manera excelente como se creyeron algunos para llegar o sobrepasar las 100 medallas de oro logradas en Mayagüez en el 2010, se superó sí el número de 70 doradas alcanzadas en Veracruz hace cuatro años. Pero se ganó en atletismo, natación, baloncesto, tenis y otras disciplinas donde Cuba y México han sido los mayores vencedores.

Los más de cien récords logrados  son una muestra del nivel óptimo de los atletas y en ello no podemos excluir la cuota colombiana. Más allá de lo meramente competitivo, hay que resaltar el comportamiento del público que colmó cada uno de los escenarios, a tal punto que muchas veces debieron quedarse por fuera muchos aficionados aun con boleta en mano. 

Fue un certamen pletórico de lujo, belleza, felicidad y espíritu deportivo. Desde el inicio con la majestuosa inauguración y con un cierre contagioso y alegre de la clausura en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez. Rubricado todo en calor humano de los barranquilleros para visitantes y propios.  Haciendo un parangón proporcional de lo que fue el Mundial de Rusia con estos Centroamericanos, podríamos afirmar que todos absolutamente quienes vivieron esta fiesta deportiva se llevan las mejores impresiones sin ocultar sus comentarios llenos de entusiasmo y positivismo resaltando el sabor costeño que nos identifica.

Y, acabada la función, se cierra el telón que se antoja triste en el adiós o el hasta luego, porque seguro estamos que en poco tiempo, quizás a la vuelta unos años, Barranquilla estará lista y dispuesta para repetir un certamen de tanta magnitud como estos Juegos Centroamericanos. Nos asiste tal creencia teniendo en cuenta las 79 medallas de oro y las otras tantas de plata y bronce, nos respaldan las 8 medallas doradas, las 4 de plata y las y de bronce aportadas por atletas del Atlántico en la delegación colombiana. Y nos entusiasman brillantes actuaciones de la reina de ébano Catherine Ibarguen, el gimnasta Josymar Calvo, los pies veloces de Alex Cujavante,  la osadía del pedalista Nelson Soto, las caminatas firmes de Jeisson Suárez, los puños valientes de Yuberjen Martínez, las piernas veloces de Bernardo Baloyes, y la fuerza del pesista Yonathan Rivas,  entre otros tantos deportistas que cubrieron de gloria al deporte colombiano.

Se alienta desde ya el interés de las autoridades por realizar eventos como Mundial de Béisbol sub 20 y mundial de softbol, suramericanos de natación, Mundial de patinaje y suramericano de atletismo. Allí quedan los nuevos y los remodelados escenarios deportivos como el de béisbol, la piscina olímpica, el estadio de softbol, el de atletismo con sus magníficas instalaciones, el parque de las raquetas, el Coliseo de Combates, la pista de bicicross, el de baloncesto y el Estadio Moderno.

Desde luego, no podemos ocultar algunas deficiencias o fallas de orden técnico, logístico o de concepto arquitectónico en los escenarios, tales como la falta de parqueaderos para vehículos,  acondicionamiento y espacio suficiente y cómodo para el buen desempeño de los periodistas. Además de colocar a los comunicadores “mano a mano” con el público. Y, quizás lo más desagradable para los comunicadores fue la manera humillante como se nos trató por parte de los organizadores. A tal punto, que para acudir a los eventos comenzando por la inauguración hubo que “corretear” por largas horas a los funcionarios que repartían la boletería. Inclusive, sometiéndolos a sorteos para saber a quienes le tocaba en suerte ser ganadores de una entrada.

Preferimos- como han afirmado muchos-quedarnos con los momentos gratos de gloria. Alcanzada bajo el influjo  optimista de un prometedor y pronto futuro. Barranquilla fue en estos juegos un gigante de corazón abierto al mundo. Ello lo anteponemos a cualquier y toda circunstancia adversa padecida, bajo la promesa de correcciones rápidas y eficientes.

Queda ahora una enorme responsabilidad tanto de la administración como de la dirigencia deportiva: el cuidado y mantenimiento de estos escenarios en los que se invirtieron gigantescas sumas económicas para colocar a la ciudad como la capital deportiva de Colombia. Cuidado y mantenimiento en manos de alcaldes y gobernadores, de directores de deportes y de los propios entrenadores. La materia prima, que es el  atleta, está, hay que pulirlo, como se hace con el diamante en bruto. Para mejorar enormemente la capacidad de rendimiento. Esperanzados en que Barranquilla y el Atlántico vuelvan a ser el potencial de antaño, la región altiva y orgullosa en la que se miraban los demás. 

Por eso, quienes lleguen a ocupar puestos de administración en los escenarios deberán ser personas probas, responsables y éticamente capacitadas y dispuestas a hacerlo de la manera más honorable posible y no bajo el influjo de amiguismo o idealismo político, sino de verdaderos profesionales seleccionados a través de  meritocracia.  

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