9:27 am. Viernes 11 de Agosto de 2017
Opinión
9:27 am. Viernes 11 de Agosto de 2017

Cercenar de un solo tajo el sesenta por ciento al deporte, es tanto como propinar un golpe de nocaut a un boxeador que en el ring parece estar en mejores condiciones y ganando la pelea y que de pronto recibe tremendo puñetazo del rival y lo lleva a la lona para conteo de protección.

Es lo que parece va a suceder con el presupuesto que para la vigencia venidera aplicará el Gobierno al deporte,  en un intento, según afirma el Ministerio de Hacienda y el propio Presidente, de recuperar  parte de lo que se debe en el orden mundial. Como si la deuda externa o los rubros destinados para inversión interna,  con tal  medida fuera la  solución al problema económico que aqueja a la nación.

Es un retroceso abismal que seguramente habrá de reflejarse en consecución de buenos resultados a nivel olímpico y mundial.  Las conquistas en los Juegos de verano pasado en Brasil que dejaron una estela de buenas cosechas, en vez de robustecerse, se vendrán a pique. Porque en vez subir, estaremos bajando ostensiblemente. 

Recortar de 530 mil millones de pesos a 183 mil millones de pesos  para la vigencia del 2018 o bajar de algo más o menos de 2 billones de pesos invertidos –según afirma el Presidente en su gobierno- a solo 700 mil millones de pesos, significa cercenar cerca del sesenta por ciento de un dinero destinado a herramientas de trabajos, a escenarios y a los entrenamientos y preparación de nuestros atletas.

Que los dineros a los atletas no se le van a recortar y que el recorte para infraestructura son los que van a verse disminuidos es una mentira tan larga como la nariz de Pinocho. A eso nos viene acostumbrando el Ministerio de Hacienda en manos de un funcionario como Mauricio Cárdenas que estima que quitándole recursos al deporte, la salud o la educación, puede disminuir la deuda externa. Lo que luce como una gran estrategia que parece tener deslumbrado al propio Presidente Juan Manuel Santos. Igual como hizo con la presentación del proyecto convertida en Ley de la Reforma Tributaria. Con ello lo que hacen el ministerio y el gobierno es hacer más pobres a los pobres.

Mientras tanto la gente del común se pregunta ¿qué se ha hecho  para recuperar los dineros desfalcados y los aberrantes atracos al erario a través de empresas como Reficar, Foncolpuertos, Dragacol, Colpensiones, Caprecom, Interbolsa, Saludcoop, Ecopetrol y Odebrecth entre tantos otros? Sí, se anuncian detenciones y cárcel para funcionarios involucrados en tales robos. Y con eso se pretende dar contentillo al pueblo. Pero ¿a cuántos de los involucrados y responsables de abominables corrupciones se les ha hecho pagar o devolver lo robado?  

Según los estudios de especialistas en la materia, los desfalcos al erario por actos de corrupción en Colombia están en el orden de los 50 billones de pesos anuales. Mucho más de la deuda externa del país que está fijada en cerca de 40 billones de pesos.

Razón tienen los deportistas olímpicos Yuberjen Martínez, Mariana Pajón, Oscar Figueroa, ganadores de medallas en los pasados Olímpicos de Rio De Janeiro. Igual Nairo Quintana, campeón de la Vuelta a España. Y otros destacados deportistas como Édgar Rentería y Teófilo Gutiérrez. Y sin duda, la voz autorizada también de uno de los mejores referentes de Colombia a nivel internacional como los es Carlos ‘Pibe’ Valderrama. Todos coinciden en declarar no solo el rechazo, sino la condena a un gobierno que tradicionalmente en Colombia ha sido ajeno, indiferente e inoperante  con la actividad deportiva. Las hazañas de nuestros atletas conquistando títulos y medallas mundiales y olímpicas han obedecido muchísimo más a la calidad, capacidad y virtudes personales y competitivas del deportista que al respaldo que hayan recibido por las administraciones gubernamentales.   

“Estamos jodidos. Al Gobierno colombiano los deportistas no les importa un c… Frases de grueso calibre de parte del mono Valderrama enmarcan las de los demás deportistas que han cosechado triunfos internacionales y han colocado en alto el nombre de Colombia.

Eso sí, cada vez que se consigan triunfos, títulos y medallas olímpicas, volverán a aparecer en primer plano, como ha sido costumbre, los Presidentes y ministros, los políticos y congresistas ofrendando las conquistas como logros conseguidos con los aportes oficiales.  Y sacando pecho y ofreciendo casas y apartamentos para los ganadores. Mientras el pueblo colombiano seguirá siendo testigo de cómo le siguen creciendo las narices a los Pinochos de turno. 

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